Hoy era el día esperado, después de tantos besos a escondidas en nuestro horario de trabajo, por fin planificamos un encuentro, la cita era en el hotel que queda a dos cuadras de la oficina, yo había realizado la reservación en la mañana, y en un mensaje de texto le envíe el número de la habitación y la tarjeta de entrada se la entregarían en la recepción del hotel. Sin esperarlo me enviaron a visitar a unos clientes, esto me tomaría todo el día, me moleste y pensé que no llegaría a nuestro encuentro. Ella al ver que estaría de comisión no opino, ni envío mensajes. Resignado retorne muy tarde a la oficina, le envíe un mensaje para saber si asistiría o no, y no obtuve respuesta. Me dirigí al hotel y mi sorpresa fue que en la recepción me informaron que me esperaban en la habitación. Abrí la puerta y jamás pensé que me recibiera de esa manera, completamente desnuda, solo cubría su cuerpo una hermosa corbata, sus labios pintados de rojo aspiraban un cigarro, al verme emite una sonrisa y me dice:
--¿Deseas una cerveza?
Al cerrar la puerta, me acerco a su lado y me entrega la cerveza que ya había probado con sus labios rojos.
--- ¡Gracias! le dije mientras tome un sorbo.
Me sentí muy nervioso, calor, excitación, no lo se, se acerca a mi dándome un beso, y comienza a quitarme poco a poco los botones de la camisa, sus labios me besaban el cuello, mientras me desnudaba lentamente.
El olor de su perfume, sus labios carnosos que me besaban con desespero, me estaban llevando al delicioso pecado, al infierno, sus manos quemaban mi piel. Observo la corbata que era lo único que tenías puesto y me dice:
--Es un regalo para ti, quiero que la uses en la oficina las veces que quieras para que te acuerdes de este momento. Se la quita y me la coloca en mis manos. La beso, mientras sus manos terminan de soltar mi pantalón y al bajarme el boxer, sale mi erección.
Con sus dedos comenzó a recorrer cada tatuaje que tengo en mi cuerpo, yo me desesperé y comencé a jugar con sus senos en mi boca, nuestras respiraciones se agitaron. Sus manos no soltaban mi erección, que me hace estremecer, me hace temblar las piernas. Pero quería que ella también disfrutara de ese momento, la recuesto en la cama y pruebo de tu sexo, quiero sentir tu humedad en mi boca, gimes una y otra vez, te retuerces en la cama, y con tus manos me presionas mas fuerte a tu sexo, del cual no quiero alejarme.
Quiero entrar en ti, pero tu tomas el control y te colocas encima de mi cabalgas una y otra vez, el movimientos de sus caderas me llevaron a la locura, sus gemidos, su piel sudorosa, su cabello largo rebotando en sus senos, su mirada y risa perversa me hizo llenarla de mis fluidos.
Agotados quedamos en la cama, y una vez más tomas un cigarro lo enciendes y te recuestas sobre mi pecho.