Miraba todo tu esplendor
y atónito quedaba con tus estrellas mil,
algunas tienen nombres, otras lejanas están,
multitudes colores reflejan
pero todas tuyas son.
Fugaces a veces te vemos,
y con admiración gritamos de emoción,
y deseos mil elevamos al cielo.
¡Que altura tienen tus montañas!,
algunas envidiosas son
porque no se acercan al cielo,
y temerosas están de oír tu voz
porque al suelo pueden caer,
sus vestidos de variados verdes son,
y adornadas con coronas blancas
anuncian buena estación.
Tu hermosa e imponente estrella solar
reflejándose en el mar azul,
anunciando otro día de labor
llena mi alma de esperanzas,
y el estupor me invade,
agradecido de verte porque demora mi partida.
Alzar mi voz en alabanzas y gratitud
no cubren la inmensidad de tus creaciones,
misericordias cubren tus cielos,
dominio de tu reino infinito,
otorgado al hombre como morada temporal
para cosechar vida eterna.