No tiene sentido armar trincheras y
cargar fusiles para pelear batallas ya perdidas
porque inevitablemente nos llevarán
a un final nefasto.
El peso de una frase puede doler
quebrantar el orgullo, pero lo que termina
matando es el veneno que se cuaja cuando
retumba el eco en el pensamiento.
El dolor busca salidas que perforan y yo,
sangrando a chorros,
busco otro objetivo para no seguir
autolesionándome.
Palabras conducidas por el rencor
arma de doble filo.