Ellas fluyen su camino con pena, arrastrando la falsedad en colores. Aceleran su paso con agite entrecortado y se diluyen en la amarga consciencia del presente.
Sobre ellas se divisa la mirada pasiva de la indiferencia adormecida.
Al cabo de unos segundos, desembocan en la prontitud del bosque y se resguardan en silencio (esperando).