Resido en Lima, Perú, desde hace casi un año y en todo el tiempo que he pasado acá, cada vez que me topo con un venezolano que me pregunta de qué parte soy, siempre respondo que soy de Caracas.
Si soy nacida en el zulia de padres zulianos ¿por qué me sigo haciendo llamar caraqueña? Muchas veces lo hago por dar una respuesta sencilla, porque decir ser marabina y no tener el acento característico de esta población ha de ser sacrilegio.
Viví en en el Zulia hasta los seis años y desde entonces en Caracas. Cuando niña recuerdo entristecerme por no poder pasar más tiempo con mis primos y solo visitaba a mi familia en temporada de vacaciones escolares y en época decembrina. Me sacaba de quicio que mi familia me dijera "la caraqueña", pero tenía sentido, con el paso de los años fui perdiendo mi simpático acento maracucho y los "vos" se vieron sustituidos por "tú".
Poco a poco empecé a amar la ciudad de Caracas, a sentirla como si ella me hubiese visto nacer. Empecé a rendir culto al Ávila, a disfrutar del clima del valle y a bañarme en la lluvia pateando el asfalto capitalino en las tardes.
Para Maracaibo siempre habrá un espacio en mi corazón, y es que descubrí que el encanto de este paraíso caluroso está en su gente, en su cultura gastronómica y en sus costumbres. Porque la navidad no es navidad sino hay gaitas, porque los maracuchos son los reyes de las frituras y porque un vecino mas que un vecino es un compadre con el que sueles compartir algunas tardes tomándote unas cervecitas.
El sentido del humor de un maracucho es exquisito y el calor de su gente te embriaga de alegría.
Fotografía de Maracaibo tomada desde las Pirámides
Fotografía de Caracas tomada desde Los Dos Caminos
Texto e imágenes by: ohlisa