Cierro los ojos y
siento tu mundo,
tu respiración,
el latir de tu ser
y tu piel en mi piel.
Olvido quien soy
y, por momentos,
quien quise ser.
No me preguntes
en el silencio,
no me descubras
ni me interrogues,
sólo quiéreme.
Dame tu mano
y con tus brazos
envuélveme.
Me queman los besos
que aún no te he dado,
y las caricias al alba
que están esperando.
Será en otra vida,
quizás, el retorno
de almas gemelas
a algo que hubo,
a algo que fue.
Es un sentimiento
que ni quiero ni puedo
ya contener.
Quizás sortilegios
a la luz de la luna,
con las llamas del fuego,
las fuerza del agua y del viento
podrán conjurarlo
y podrá suceder.
María Pérez Martínez
(Omaluna)