Hola mis queridos lectores, espero estén bien. Aqui les traigo la 2da parte de mi historia que tiene mucho dolor y sufrimiento. Si no conoces lo que me sucedio durante mi ausencia, los invito a leer la primera parte de mi anécdota.
Tribunal
Luego de una noche infernal pensando en todo momento que mi vida terminaba allí, orando a Dios sin parar él me decía: –Todavía no termina, ¡tú puedes! No dejes que el diablo te derrote– Escuchando esa voz desde mi interior sentí un gran alivio en medio del dolor.
Amaneció, y lo primero que hicieron fue poner el agua para así poderme quitar todo el orine que tenía sobre todo mi cuerpo “están un poco más tranquilos” pensé, uno de los presos me dice: –Báñate y lava tu ropa–. Eso hice, e inmediatamente me di cuenta de que mis oraciones habían sido escuchadas; por lo menos dejaron de golpearme, pero aun así me trataban muy mal, me obligaron a sentarme en una esquina del calabozo sin mover ni un músculo porque amenazaron con golpearme si lo hacía.
Me quedé sentado con la cabeza entre mis rodillas sin poder moverme; ni siquiera para mirarlos. Llegó la hora en que los oficiales entregan la comida y comienzan a nombrar cada preso que le llegó su alimento, (las comidas las mandan los familiares). Escucho mi nombre, pero también escucho a uno de los presos decir: –No se la den, vamos a dejarlo pasar hambre–. Sin poder reclamar ni poder hacer ningún gesto, o algo para pedir mi comida solo cerré mis ojos y le pedí fuerzas a Dios para que me permitiera aguantar todo lo que me estaba sucediendo.
Vi cómo se comían la comida que con mucho amor y esfuerzo enviaba mi madre. No les basto quitarme el alimento si no que también me obligaron a limpiar todo el calabozo (incluyendo el baño). Para hacerlo, solo me dan un trapito tan pequeño que lo podía agarrar con una mano, cuyo trapo tenía que pasarlo por todo el piso y utilizarlo como si fuera un cepillo de barrer, a eso le llaman (el aseo) y a cada preso le tocaba hacerlo por turnos diariamente, pero a mí me obligaron hacerlo todo los días y dos veces.
Yo lo tomé con calma y sabiduría ya que eso me permitiría pararme aunque sea unos cuantos minutos y mover un poco el cuerpo. No obstante mientras hacía el aseo ellos procedían a pegarme con una botella plástica de Coca-cola llena de agua; eso retumbaba mi cerebro, hacían que me apresurara y al mismo tiempo que lo hiciera a la perfección. Al terminar de limpiar el calabozo seguía el baño; la peor parte, se podía notar que nadie se atrevía a limpiar el moho de color marrón pegado en las paredes y el olor a amoniaco que me hacía arder la garganta.
Tuve que limpiar el baño… Muchos de ustedes se estarán preguntando el por qué lo hice y no me rebele (Eran más de quince en mi contra), ahora les digo que de verdad en esa situación ya no sirve de nada tu rebeldía y mucho menos tu soberbia. Luego de terminar con el aseo, me vuelven a mandar para el rincón del calabozo y mantenerme allí sin moverme. Pasan las horas y llega la noche; y yo aun sin probar aunque sea un bocado de comida, llegan los funcionarios a entregar la cena, es el mismo procedimiento; vuelvo a escuchar mi nombre, pero otra persona recibe mi comida y se vuelven a comer entre todos lo que mi madre o cualquier familiar ¿quien sabe? Me lo había mandado.
Llega el momento de dormir, vuelvo hacer el aseo antes y ellos empiezan a discutir de dónde dormirá cada quien (allí solo se duerme en el piso pela ‘o) ya cada quien tenía su espacio, el debate era por mi lugar “será que me mandaran otra vez para el baño” pienso. Uno de ellos dice con groserías: –Lanza a ese mmgv para el baño– Y como la misericordia de Dios es grande, otro dice: –No vale la pena, vamos a dejarlo en ese rincón, cerca pero no dentro del baño–. Así fue, me dieron un espacio pequeño del piso fuera del baño y así pude dormir un poco esa noche; Siempre pensando en que alguien me mataría mientras dormía.
En la mañana siguiente estaban aun más tranquilos porque ese día se cumplían las 48 horas de detención (estaba a la orden de fiscalía) por lo tanto, no podía llegar con golpes o rasguños en la cara para el palacio porque eso le generaría problemas a los oficiales y luego eso atribuía en los presos. Eso no cambió el trato que me daban los presos, de igual manera me mandaron para el rincón.
Llega uno de los detectives y pronuncia mi nombre diciéndome: –Prepárate tienes traslado para el palacio– (me toca presentarme), era Domingo como las 11am y me sacan para llevarme al palacio; fue un alivio y a la vez decepcionante que al llegar pude ver a gran parte de mi familia en las afuera de los tribunales. Llego a los calabozos del tribunal y me ponen a esperar para ser atendido. Dentro de ese calabozo comencé a orar y pedirle a mi padre celestial que me diera un buen abogado y que se solucionara todo esto; no quería volver para ese calabozo donde se encontraba toda esa gente mala.
Luego de unos cuantos minutos, uno de los guardias me llama y dice que salga. Me llevan a otro sitio donde estaba el alguacil y me pregunta: –¿eres Omar Hidalgo? Y yo contesto –si soy yo–, el amable hombre me guía hasta la oficina donde se va a llevar a cabo mi presentación, cuando me doy cuenta están dos abogados que llevarán mi caso, enseguida me abordan y comienzan a darme indicaciones de lo que tengo que decir y lo que no, también me dicen que es un caso muy complicado y que tenga cuidado con lo que voy a decir; ellos harían todo lo posible por ayudarme.
Lo malo
Me privaron de libertad ese mismo día, a pesar del esfuerzo que hicieron mis abogados, 45 días hábiles dentro del calabozo donde me esperaban toda clase de delincuentes con ansias de hacer maldad. “No podré ir a mi casa hoy” paso por mi mente.
Lo bueno
Por falta de pruebas el juez no pudo dar por hecho una violación positiva y el caso pasó de ser violación a acto lascivo, la condena es mucho menor y ahí muchas posibilidades de salir en libertad; eso lo hicieron mis abogados con la ayuda de Dios.
Ahora ya sé porque los presos me trataban tan mal… Fueron manipulados por los funcionarios para que así ellos me golpearan y hacerme la vida un infierno, por lógica ellos le dijeron a los presos que yo era un violador y eso no se perdona en una cárcel. “Ya los entiendo”, no son ellos los malos son los funcionarios que los engañaron para así ellos lavarse las manos.