La rotunda oscuridad es cómplice de mi soledad, respirar es un alivio para mí.
Manos atadas sin razón, es motivo de mi depresión.
La brisa vuela libremente y yo sin poder tocarla.
Un estado de inmadurez invade mi sensatez.
Recuerdos de libertad; no soporto mi realidad.
Entre barrotes y pared estoy muriendo de sed.
Mi cuerpo machacado, torturado y pisoteado.
Es señal absurda de un momento imaginado.
Se opaca la vista, se ensordecen mis oídos,
me cuesta respirar y ya no puedo caminar.
Un nudo en la garganta no me deja hablar,
murmullos en la celda se pueden escuchar.
Motivos no me faltan para quererme suicidar,
un día diferente tengo que aguantar.
Mientras pienso todo esto, no paran de pegar.
Inocente de todo, me acusan de violar.
Yo no soy perfecto y tampoco especial.
Si hoy estoy aquí es por un pecado capital.
Mi conciencia está limpia de la acusación policial.
Si de mí no están seguros, vayamos al hospital.
Porque mi inocencia la pruebo con ayuda de la ciencia.
Pruebas tras pruebas notaron la imprudencia.
Acusaciones falsas por excelencia.
De una forma u otra, adquirí paciencia.
Perdí mi libertad y varios días pasarán.
Mi familia aturdida, yo no sé qué harán.
Algún modo de ayudarme sé que encontrarán.
Abogados y dinero sé que buscarán.
He vivido cosas terribles, pero nada como esto.
He visto cosas terribles, pero nada igual a esto.
Calabozo putrefacto, personas iracundas, paredes marcadas, piso rústico.
Todo eso en cuatro paredes.
Mi alma destrozada; luchaba con mi orgullo.
Un rincón del sitio ya era parte de mí.
Intimidad favorable para poder llorar.
Impotencia desnuda se deja revelar.
Pienso en mis hijos poder abrazar.
Una fuerza masiva solo en ellos pensar.
Alzo la vista y le pido a Dios.
Que me de fuerzas para aguantar.
Sentí sus suaves manos acariciar mi piel.
También su dulce voz decirme: Tranquilo.
Todo dentro de mí estaba destruido.
El niño inmaduro se había ido.
Esto jamás lo había sentido.
Acostumbrarme a todo no fue fácil.
Después de un tiempo vi a mis padres.
Todos en llanto; un abrazo.
Una charla de diez minutos.
Basto para decirles un: Los amo.
Un alivio volverlos a ver, un destrozo verlos retroceder.
Apenas dos semanas preso, ya no aguantaba este tormento.
Tres meses de espera, para cumplir mi condena.
Solo queda esperar, a que llegue el día final.
Todo se lo dejo a Dios, que es un poder celestial.
Imagenes editadas por mí con la ayuda de: Photoshop Online
Fuentes de las imágenes: Portada123
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Mis mejores deseos y grandes agradecimientos a todas estas comunidades hispanas
Que de una manera u otra me han impulsado a mejorar la calidad de mis trabajos.
Contenido original de para la comunidad.