Como muchos otros venezolanos, decidí dejar atrás todo ( familia, amigos, empresa) en la búsqueda de una mejor manera de construir el futuro que quiero. Ésto no significa que los que se quedan no lo puedan hacer, pero en mi caso en particular, decidí emigrar a otro país, para alcanzar lo que tanto quiero para mí, para mi familia y para muchos que esperan una mano amiga.
Fue ese viernes 16 de marzo, con maletas en mano, di un abrazo y un beso a la mujer que me ayudó a preparar todas las cosas para el viaje; un viaje de 9 días de autobus en autobus, saliendo de mi querida Maracaibo hasta llegar hasta Chile. Fueron 9 días llenos de emoción mezclada con un halo de tristeza, que nos embargaba a todos los que estabamos en el viaje y que nos juntabamos en diferentes países durante la travesía.
Colombia, Ecuador y Perú, me separaban de mi destino, en la travesía, hallé más hermanos y hermanas de Venezuela e hicimos un grupo de 20, compartiendo la comida, las anécdotas, y el deseo de ferviente de emprender un rumbo diferente hacia el éxito, hallando en cada frontera, mucha más gente que viajaba en diferentes autobuses pero con el mismo calor humano que nos caracteriza.
Un hombre con visión de emprender una empresa nueva donde quiera que esté. Así que, tuve que aprender a dejar a un lado la soldadura y la fabricación de equipos, para ser un ayudante... un ayudante que hoy hace trabajos como electricista, gasfiter, ceramista y carpintero, agradeciendo al Universo, por darme la oportunidad de aprender oficios que jamás pensé desarrollar en mi tierra natal
Gracias por leer este sencillo post, y si eres un inmigrante también, deja en los comentarios parte de tus experiencias o el enlace de tus experiencias ya publicadas.
