La inocencia de un niño, refleja sorpresa, imaginación, ilusión, una manera distinta de ver el mundo.
Tan inocentes y tan llenos de vida, que su pureza ni se compra, ni se vende y nosotros, tenemos la responsabilidad de cuidarlos, educarlos y orientarlos en cada paso. Porque están llenos de magia, de magia genuina.
Los niños tienen el don de nacer inocentes y daría lo que fuera, por mantenerlos así, pero ojo, inocentes más no tontos. Pues, siempre están atentos de lo que sucede en el entorno, aprenden más rápido que cualquiera es asombroso su capacidad de razonamiento e inteligencia.
Esta pequeña disfrutó de un día muy bonito, su cumpleaños. Me enamoró su dulzura, lo bonito de poder valorar las cosas por pocas o pequeñas que sean. Pues, los niños no saben de vanidad, de lujos, de pretensiones. No! hacer feliz a un niño es tan fácil, porque son tan sencillos, nobles y dulces.
Pero, no hay mayor satisfacción que ver la sonrisa en el rostro de un niño. Vale oro.
Cuidenlos, mimenlos, amenlos, pero sobre todo eduquenlos y pretenjan su inocencia