Lo recuerdo como si fuera ayer. Esa tarde llegué a casa después de clases, acalorada, hambrienta y bastante cansada. Lo primero que hice fue comer mucho. Fui a mi cuarto, ni siquiera me bañé. Me recosté en mi cama “un momento” y me quedé dormida boca arriba. Sin saber que, con cada cosa que hice, preparaba el coctel perfecto para vivir una de las experiencias más aterradoras de mi vida.
Pasaron unas cuantas horas de sueño cuando algo me despertó. Abrí los ojos y veo todo diferente, un tanto oscuro, un ambiente pesado y mucho calor. Inmediatamente escucho un susurro pero no terminaba de entender que lo era cuando muchos otros aparecieron como un ejército de vocecitas, como las de los niños, pero que poco a poco se iban volviendo tenebrosas. Me asusté muchísimo, quise brincar de la cama y gritar pero estaba petrificada. Nunca en mi vida había hecho tanta fuerza pero mis brazos, mis piernas, mi cabeza y todo, a excepción de mis oídos y ojos, estaban entumecidos. Los susurros y zumbidos eran aterradores pero créanme, no fue lo peor de esta historia.
Poco a poco, fueron apareciendo sombras de seres o criaturas no sé si extraterrestres o demoníacas, pero igual de aterradoras. Sentía que sudaba y temblaba del miedo. Lo peor vino cuando de la nada una masa oscura, fétida, con ojos malvados y boca muy grande, se posó encima de mí para mirarme y hablarme a solo 2 milímetros de mi cara. Enseguida cerré mis ojos, comencé a gritar pero esos gritos solo fueron gritos ahogados, nunca salieron. Luché, intenté con todas mis fuerzas moverme pero era imposible hacerlo.
Como ya lo dije, estaba petrificada y ahora con un ente horrible sobre mí queriendo comerme, morderme, aterrarme, meterse en mi cuerpo, matarme o hacerme quien sabe que cosa o sencillamente, todas las anteriores. Con mis ojos cerrados, seguía intentando zafarme de esa cosa que me mantenía en estado catatónico, pero mientras más fuerza hacía, más terrorífica era la experiencia.
Estar boca arriba, con los ojos abiertos, consciente de lo que ocurría, mientras una sombra negra y hedionda (juro que la podía oler) me hablaba en un dialecto extraño y a la vez respirándome en la cara, cuello y oído, me hacía pensar que iba a morir. Cuando ya sentía que no podía más y me dispuse a rendirme, relajé mi cuerpo y fue ahí cuando logré mover algunos dedos del pie. Esa fue el click que necesitaba para que finalmente mi cuerpo reaccionara y me permitiera sentarme en la cama a llorar. La pesadilla, por llamarla de alguna manera, duró apenas unos minutos.
No le conté a nadie sobre la experiencia. Poco tiempo después volvió a ocurrir. Luego otra vez y así, muchas veces más.
Con los años me di cuenta que todos los episodios tenían algunas cosas en común: la hora (la tarde), la posición, el cansancio y comer antes de la siesta.
Cierto día, escuchando un programa de radio alguien hablaba sobre la PARÁLISIS DE SUEÑO, mi corazón dio un vuelco tremendo porque finalmente alguien había descrito exactamente lo que durante mucho tiempo me había estado ocurriendo y que no le hallaba explicación. Inmediatamente comencé a investigar y era impresionante la cantidad de información que yacía en internet. Me tranquilicé al leer que es un trastorno bastante común y que no representa ningún peligro para la vida.
Según Wikipedia “La parálisis de sueño es una incapacidad transitoria para realizar cualquier tipo de movimiento voluntario que tiene lugar durante el periodo de transición entre el estado de sueño y el de vigilia. Puede ocurrir en el momento de comenzar a dormir o en el de despertarse y suele acompañarse de una sensación de gran angustia. Su duración suele ser corta, generalmente entre uno y tres minutos, tras los cuales la parálisis cede espontáneamente. Durante el episodio, la persona está totalmente consciente, con capacidad auditiva y táctil, pero es incapaz de moverse o hablar, lo que puede provocar gran ansiedad. Este trastorno está recogido en la Clasificación internacional de los trastornos del sueño dentro del grupo de las parasomnias.”
Esos episodios fueron reiterativos durante varios años en mi vida. Luego pararon por un buen tiempo. Ahora, hace 3 días, volví a tener uno.
Con los años aprendí a sobrellevarlos. Hay técnicas que al parecer funcionan. Una de ellas es tener en mente que no son reales y que lo que sufres son meras alucinaciones. Además, para salir de un episodio rápidamente, se recomienda y lo certifico, no se debe luchar ni tratar de levantarse de golpe (así no lo lograrás), solo se debe relajar el cuerpo y concentrarse en un dedo en específico de la mano o del pie; si logras moverlo, así sea un muy poco, el cuerpo reaccionará inmediatamente. Yo nunca los he padecido de noche, siempre durante una siesta y por lo general cuando ingiero alguna comida antes, por lo que sugiero esperar hacer digestión primero o simplemente comer poco. En el caso de comer mucho y sentirse muy lleno, es preferible esperar.
Tanto aprendí a lidiar con los episodios de parálisis de sueño, que ya las últimas veces no me asustaba y solo esperaba lograr mover mi dedo para terminar con tan desagradable experiencia.
Espero este post sea de utilidad y sirva de guía para aquellos que aún no saben qué les está ocurriendo. Investiguen, es mi recomendación. Y para aquellos que como yo tienen años en esto, espero ya no les perturbe y lo asuman como algo que forma parte de su vida, que hay que lidiar con ello y tomárselo dela manera más “light” posible.
Gracias por leerme. .