Veo como tu silueta se disuelve por el cuarto de baño y cierro los ojos dejando escapar el aire. Una pequeña sonrisa se dibuja en mi rostro y muerdo mi labio inferior al recordar tu imagen la noche anterior, en la que sin más acompañante que solo nuestro deseo y el vino que nos embriagó y nos condujo hasta donde estamos. Y justo aquí en esta cama en donde me encuentro, dejamos desbordar la pasión que en nuestros cuerpos se acumulaba día tras día que pasaba sin vernos.
No estaba preparada para una segunda oportunidad, ni si quiera estaba preparada para verte, porque sabía de antemano que una palabra tuya mandaría al mismísimo demonio todo muro de resistencia que creara en tu contra. No me enorgullezco de esto que estoy haciendo, sé que esto es un suicidio premeditado pero aquí estoy, adorando cada partícula de tu ser mientras tu estás ajeno afuera de mi habitación, haciendo quién sabe qué.
Entras y mi tranquilidad se ve interrumpida ¿Cómo maldita sea lo logras? Sonríes y me ofreces una taza de café bien cargado, justo como me gusta. Te oigo hablar y me pierdo en tus detalles, tus pestañas, tus pecas, tu sonrisa, esa que se esconde de manera maravillosa detrás de una barba ya crecida, dándote un aspecto de eso que no defino pero me tiene hasta la madre del encanto. Me preguntas "¿Qué sucede?" y río sin razón alguna, si supieras las veces en que te consumo con solo mirarte hubieses huido del miedo.
Me pregunto si hice lo correcto en caer de nuevo en tus redes y mientras surge ese pensamiento pasa por mi mente, cual intrusas, las escenas en donde sin más me tomaste y fui feliz. Recuerdo con el corazón a todo dar como fui tuya sin serlo y estoy bien con eso.
"El no es mío, yo tampoco soy suya, lo nuestro es un préstamo de momentos inolvidables que quizás podría durar la vida entera"