Fuente
Realmente de todas las anécdotas de mis 54 años de vida, creo que la mejor es esta: Como me imagino hacía cada niño venezolano el 24 de diciembre por la noche, aunque me acostaban temprano, hacía grandes esfuerzos por permanecer despierto para así lograr ver al Niño Jesús cuando llegara con mis juguetes y los de mis hermanos. ¨Por supuesto, después de un día agitado, de carreras, juegos, visitas familiares, y habiéndome ido a la cama (Siempre a la fuerza) a las 9 p.m. nunca lograba estar despierto a las 12 de la noche cuando se suponía que llegaba el Niño.
Sin embargo lo logré una vez: tendría entre 9 ó 10 años y logré estar despierto hasta las 12 p.m. La puerta del cuarto en que dormíamos mis hermanos y yo se abrió y entró el Niño Jesús con los juguetes. Me sorprendió mucho su aspecto, era totalmente diferente a como me lo imaginaba. No era pequeñito sino grande ¡Usaba lentes! Y...lo más extraño: su cara era exactamente igual a la de mi mamá...como si fuera su gemelo, pues.
Me dormí de nuevo y lo primero que hice al despertar en la mañana (Con mi carrito de Niño Jesús en mano) fue correr a la cocina y decirle a mi mamá todo emocionado:
- ¡Mamá, anoche vi al Niño Jesús y es igualito a tí!
Mi mamá no me respondió, me miró disgustada y nada más.
Durante los tres años siguientes no entendía por qué el Niño Jesús traía regalos a mis hermanos y a mí no. Luego pensé que él se había dado cuenta que lo había visto y estaba bravo conmigo. Ahora se que mi mamá interpretó como una burla mi frase y creyó que la había descubierto a ella mientras que yo, en mi inocencia de entonces, sí estaba seguro de haber visto al Niño Dios (Aunque su aspecto fuera bastante original de por sí)
Bueno, esta es mi historia, quisiéramos conocer la tuya. Participa en este simpático concurso. Lee sus bases acá