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Una captura o momento congelado único e irrepetible es la imagen fotográfica como tal, expresando un instante, un recuerdo o emoción. La sensación que se tiene cuando, con un dispositivo fotográfico en las manos, se toma una imagen, ya sea para compartirla, para tenerla de recuerdo o simplemente por el instinto de guardar un punto de vista personal sobre las cosas que se ven, que se procesan o que se almacenan, es innata al ser humano.
Siempre que indago sobre la historia de esta pasión me sorprende el hecho de que esa impresión de las imágenes esté, desde tiempos remotos, en las inquietudes humanas. Los primeros antecedentes de esa necesidad aparecen en los siglos V y IV a.C., con el filósofo chino Mo Di o con otros más conocidos de la historia occidental, como los griegos Aristóteles y Euclides, quienes ya comentaban en alguno de sus escritos la invención de la cámara oscura como principio elemental de la captura de imagen.
En sus orígenes y durante muchos años la fotografía no era considerada como un arte. Fue un proceso largo y logró posicionarse como tal por la incursión en la temática fotográfica del llamado retrato. Este tomó un papel predominante en la sustitución del retrato pintado, ya que era mucho más asequible económicamente. Esto hizo que personas a las que hasta entonces les resultaría demasiado costoso poseer una imagen de retrato pintado empezaran a echar mano de la fotografía como modo de poder tener sus recuerdos e imágenes de personas queridas en sus hogares. Entonces muchos de estos pintores retratistas empezaron a pasarse a la fotografía como modo de expresión y trabajo. Esta nueva situación consolidó la imagen fotográfica como arte.
Cuando salgo a capturar imágenes fotográficas se produce en mí una transformación que es progresiva a medida que voy avanzando en este arte. Expresar lo que siento con palabras es una difícil tarea; en algunas ocasiones he tratado de describirlo, pero no me resulta fácil expresar lo que siento o pienso cuando realizo fotografías. Mi intención es, simplemente, transmitir un modo de ver global. Intentar que esa imagen vuelva a cobrar vida cada vez que alguien la vea y no quede en el olvido de un cajón. Cambiar la perspectiva, la posición, el enfoque de las cosas cotidianas en las que ya no reparamos, que ya no observamos porque siempre tenemos cosas más importantes en las que pensar o digerir. Hablo de esas pequeñas cosas que hacen que la vida sea más agradable, como los tenues rayos de sol o el viento en la cara, el ver una sonrisa o un reflejo que me lleva a un mundo de recuerdos, de imaginación.
Si les ha gustado esta pequeña introducción a grandes rasgos y desde mi modo de sentir la fotografía, en posteriores entregas de la revista trataré de profundizar y dar pinceladas de algunas técnicas fotográficas que utilizo para la realización, la edición fotográfica y el arte digital, con la utilización de sencillos programas y otros un poco más complejos. Mi intención es que consigan realizar un proceso completo y que creen sus propias imágenes buscando el camino y la individualidad de cada uno según su propia experiencia.