Mi esposa
nos invita a hablar de aquellas canciones que hicieron huella en nuestra infancia y adolescencia, hablar del porqué la recordamos y la historia que tenemos para contar.
Pueden ver las condiciones Por aquí.
Esta es mi segunda entrega, mi segunda canción y aquí les va el cuento:
Mi señor padre, Adalberto del Carmen, es de escuchar mucha música ranchera, de aquellos músicos mexicanos que hicieron fama en los 50' y 60'. Miguel Aceves Mejías. Jorge Negrete, Antonio Aguilar, Pedro Vargas, Tin Tan, Javier Solís y su favorito Pedro Infante.
En la colección de aquellos discos de acetato que se tenían en mi hogar, donde la mayor parte eran de mi hermana, Mérida María, estaban algunos de música ranchera de mi papá. Había uno en específico que tenía las canciones; El Rey, La Cama de Piedra, Cucurrucucu Paloma, muchas otras y la que viene al caso, una llamada Flor sin Retoño, cantada por Pedro Infante. Esta canción fue escrita por Rubén Fuentes, famoso músico y compositor mexicano, autor de La Bikina, La negra, y muchas otras más.
Sembré una flor
sin interes,
yo la sembré
para ver si era formal,
a los tres días
que la dejé de regar,
al volver ya estaba seca
ya no quiso retoñar,
al volver ya estaba seca
ya no quiso retoñar.
Yo la regaba
con agua que cae del cielo,
y la regaba
con lágrimas de mis ojos,
mis amigos me dijeron
ya no riegues esa flor,
esa flor ya no retoña
tiene muerto el corazón,
esa flor ya no retoña
tiene muerto el corazón.
Justo cuando comenzaba el coro con “Yooo la regaba” se quedaba pegado el disco. ¿Recuerdan cómo se pegaba un disco de aquellos?
Yooola, yooola, yooola, yooola.
Así se quedaba si no se levantaba la aguja del disco, y no sé por qué razón lo hacía, pero lo dejaba a propósito para que se pegara buen rato. Era tanto el ocio de escuchar este “ruido”, que repetía la canción solo para esperar el momento de volver a escuchar, yooola, yooola, yooola, yooola, yooola. Pobre de mis vecinos. Esto lo hacía muchas tardes solo por fastidio mío, ahora tengo ese recuerdo que siempre me causa gracia y lo mantengo con mucho cariño.
Me acuerdo y mi cerebro se ríe.
En la juventud, las personas cuando estamos solos en casa, sin oficio, hacemos cosas originales. Solo queda contar esas historias para que otros disfruten de estas rutinas demenciales.