Cuando estaba pequeña, solía soñar que iba a alguna universidad prestigiosa, quizás hasta pensé en Yale. Tenía una gran vida planeada, por lo menos en mi mente. Pero a medida que fui creciendo, fui conociendo personas, algunas buenas y otras llamadas ‘’las malas juntas’’. Tales personas, hicieron que me fuese olvidando de las buenas notas, buenas menciones y orgullo para mis padres.
Mi papá siempre ha sido una persona tan inteligente, puedo considerarlo la persona más inteligente. Y su sueño era que yo fuese igual que el.
El punto es que, si, descuide un poco los estudios, y jamás tuve un buen promedio.
Cuando vives en Venezuela, la universidad con más prestigio es la Universidad Central de Venezuela (o al menos lo era). El gobierno se ha encargado poco a poco de ir destruyendo el país, su educación…
Sí, no quedé en una buena universidad ni siquiera aquí en mi país.
Llegué a una universidad, aquí mismo en mi ciudad. No es lo más lindo del mundo, de hecho es una universidad de la que esperaba menos, debido a las malas lenguas.
Me acogió, me ha entregado personas muy lindas, y por sobre todas las cosas, aunque no lo crean, buena educación. He empezado a entender, que no siempre lo más grande es lo mejor, a veces una de las mejores cosas, están por ahí, escondidas, esperando un poquito de reconocimiento.
Para nadie es un secreto la situación que estamos viviendo actualmente, sin embargo, eso no ha sido impedimento para no lograr algunas cosas de las que me he propuesto. No suelo ser la persona más positiva en lo que a esto concierne, pero a veces tener la chispa de luz en toda esta oscuridad no está demás.