Contando Cuentos
Si quieren conocer cómo inició esta aventura pueden pasar por las primeras entradas:
El cielo amaneció tan colorido como en la puesta de sol de la noche anterior, en ese momento agradecí haber acampado allí, en el punto perfecto para apreciar los mejores momentos del día.
Recogimos todo nuestro equipaje y agarramos camino otra vez, no parecía haber pasado mucho cuando llegamos a la laguna El Cienagón, esta es una laguna que está casi completamente cubierta por vegetación, una ciénaga, allí supe que estábamos más cerca de nuestro destino, esta representaba uno de los tantos puntos de referencia que había estudiado cientos de veces frente a mi computadora, siempre me alegra ver por primera vez aquello que tanto he repasado en mi mente.
Caminamos y caminamos rodeando las montañas,hasta que en un momento Majo nos avisó que había perdido su celular, que probablemente se le había caído en alguna de las paradas para descansar o beber agua, ella intentó regresar un poco sobre sus pasos para buscarlo pero no tuvo éxito y no podíamos arriesgarnos a perder más tiempo en el camino, así que continuamos, pensando en cuáles serían las probabilidades de recuperarlo cuando regresáramos.
¡Ahí estaba!
Tal cual como un espejo gigantesco sobre-puesto en las faldas de las montañas,
justo en el medio del páramo.
Yo sinceramente me veía como alma que lleva el diablo, horrible, pero ella era impresionante, me enamoré a primera vista.
Bajamos y subimos un tramo más para poder llegar junto a la laguna, ya estábamos ahí, luego de dos días caminando bajo el sol intenso por los andes tachirenses, ¡lo habíamos logrado!
Nuestro guía, David.¡Bienvenidos a La Grande!
Continuará...
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