Un día nublado, con un ligero olor a tierra húmeda, lo que significaba que la lluvia estaba a punto de atormentarme, había estado en un café todo el día, pero me preguntaba si Charlys estaría preocupado. Fueron precisamente estos ataques repentinos e irreconocibles los que me hicieron recordar que sufría de una enfermedad mental, pero nada más...
Solía llevar siempre un diario guardado en una pequeña bolsa en la espalda, era mi fiel compañera fiel a los momentos que no recordaría, pero seguramente, la sobriedad de mi auténtica personalidad y correspondiente al cuerpo, es decir, la Emi real era quien solía escribirlo todo... Mis otras personalidades eran muy particulares e introvertidas.
Decidí en un cambio drástico de humor y personalidad volver, sabía que estaba equivocada al salir de casa sin ninguna explicación y aún peor, sin estar consciente de las consecuencias. Pagué la cuenta de un café negro extra fuerte y dos muffins de vainilla y empecé a caminar de regreso a la casa que compartí con mi novio Charly, fue un poco extraño todo esto, pero sabía que su gran amor por mí era más fuerte que cualquier cosa que pudiera pasar.
Me perdía entre mis pensamientos y reflexiones
A veces pensaba en lo egoísta que podía ser, siempre teniendo una justificación para todo, siempre quise ganarlas todas y nunca admitir mis errores, aunque sufría de esta loca enfermedad mental, traté de equilibrarme con lo que pensaba de la vida, por eso un diario era la mejor idea para drenar de lo más ligero a lo más oscuro en solo letras.
Mi intención jamás ha sido hacerle daño a otra persona, pero siempre me preguntaba el por que este karma que yo me encontraba pagando, pues no era fácil cambiar momentáneamente de personalidad, criterio, humor, sentido común y esencia. A veces ni yo misma me quería soportar. La frustración es una escena real, esta era mi vida.
Decidí regresar, pues ya ni razón tenia del porque lo hacía
Llegue a casa y al abrir la puerta vi a Charlys con una cara muy triste tirado en el sofa de cuero marron desgastado, se veía muy triste, así que esa fue la sopresa al entrar a casa, me invadio la tristeza y fue allí cuando supe que no había estado haciendo lo correcto... ¿Pero que podía hacer? La verdad no tenia ni un poco de culpa de lo que me había pasado, o quizá si. No me juzgaba a mi misma aunque esa fuese una verdadera razón.
El me abrazo con desespero, y puso sus manos sobre mi cabeza, con cara triste y preguntando como me encontraba y si todo había estado bien. Yo lo abrace y respondí estando a poco de llorar.
Luego de un rato de conversar, el me pidió que le diera una respuesta honesta a lo próximo que estaría por preguntarme.
¿Eres feliz Emi?