Buenas tardes, Dios les bendiga grandemente, termina el año y comienza otro, para mi fue un año muy bueno, he tenido buena salud, trabajo, y mas allá de que he tenido faltantes y he pasado situaciones difíciles Dios siempre ha estado conmigo, ayudándome y alentandome a seguir adelante. Ahora empieza otro año y uno se pregunta que quiero para este año, que deseo.
Leyendo un devocional los otros días leía estas palabras y realmente me llegaron al corazón, por eso las comparto con ustedes.
El Deseo
Lo que deseamos es sumamente importante. Determina lo que hacemos, porque lo que hacemos viene de nuestro deseo, perseguimos nuestro deseo. Vemos lo que deseamos en lo que hacemos, lo que hablamos y lo que pensamos.
¿Qué queremos?
¿Qué deseamos con Dios y en la vida?
Normalmente queremos lo mínimo con Dios: suficiente para no estar mal con Él ni ir al infierno. Por lo tanto, hacemos lo mínimo; suficiente asistencia, suficientes buenas obras, suficientes cambios. Sólo lo suficiente.
A la vez, queremos lo máximo para nosotros mismos, para nuestra vida y nuestro reino. Queremos experimentar más, tener más gozo y diversión, desarrollarnos más, tener más cosas, alcanzar más en nuestra carrera. Así que hacemos lo máximo que podemos para nosotros mismos; siempre hablamos, pensamos y trabajamos en lo nuestro.
Determina lo que conseguimos
Lo que conseguimos en la vida viene directamente de lo que deseamos. Cuando más deseamos lo nuestro, conseguimos lo nuestro. Y perdemos lo más grande en la vida, lo eterno — lo que durará después de la muerte —. Vivimos sin conocer a Dios íntimamente y sin ayudar a otros a conocerle. Conseguimos lo temporal, porque deseamos más que todo lo que hay en esta vida.
Hay algo mas
No tiene que ser así. Jesús nos llama a desear lo suyo: su Reino y seguirle de verdad. Este deseo nos lleva a dejar lo nuestro, a negarnos a nosotros mismos y a buscar menos para nosotros mismos. A la vez, este deseo nos hace enfocar nuestra vida en lo suyo, y así tomar nuestra cruz y seguirle, buscando conocer más y más a Dios y ayudar a otros a conocerle también. Este deseo nos lleva a leer la biblia, orar, ayunar, cantar a Dios, estudiar con otros y trabajar en los ministerios de nuestra iglesia. Y lo hacemos todo no porque lo tenemos que hacer, sino porque lo deseamos.
La vida está en juego
Cuando deseamos y perseguimos lo nuestro, pensamos que estamos ganando la vida. En realidad, la perdemos, porque lo nuestro no dura ni satisface. Podemos ganarlo todo, y terminar con nada.
En cambio, cuando deseamos y buscamos lo que desea Jesús, ganamos la vida. Llegamos a conocer íntimamente a Dios y a colaborar con Él a salvar a otros. Vivimos vidas de propósito y de impacto eterno.