Hace unos días leía en la mesa del desayuno - café en mano - un artículo de Eric
donde planteaba, en resumidas cuentas y desde un hostal perdido por el mundo - como nos tiene grátamente acostumbrado - unas cuestiones fundamentales que nos afectan a todos los usuarios de esta plataforma y que me inspiraron para escribir estas lineas.
Cabe, antes que nada, decir que soy también un férreo defensor del “freewritting” y que esta serie, “pabladas” - como la he venido llamando - es justamente eso: un escaparate público, directo, sin restricciones, tabús o normas. Un “Schaufenster” - como dirían los alemanes - de mi cerebro a las teclas. De las teclas a una transacción firmada criptográficamente. De esta transacción a una red distribuida. Y de ahí a uno nodo productor de bloques - sí, un witness - que analizaría mi pensamiento/transacción, y lo verificaría diciendo algo como: “Todo bien, todo correcto: yo como witness certifico que ésto que dice haber escrito , es realmente suyo y que además cumple todas las reglas establecidas, el protocolo de consenso escrito en la ley del código - recordadáis el famoso “Code is Law” ? - Y como transacción válida, yo witness, la voy a incluír en un bloque para archivarla para la eternidad, junto con otros pensamientos de otros muchos usuarios/personas/almas. Y le voy a pedir a la mayoría de witnesses - 15 para ser exactos - que me den permiso y que validen el bloque antes de hacerlo, como llamamos en nuestra jerga, irreversible, inmutable…. (os suena la frase de “last irreversible block”?)
El código es ley
Destrucción.
Los librepensadores se oponen, por definición, a lo dogmático, a lo supersticioso, a las reglas ilógicas que lo son simplemente por ser dictadas por entes autoritarios, unidireccionales. Fundamentan con lógica cada una de sus decisiones y se oponen al sistema cuando éste es simplemente eso: un sistema.
Son hipercríticos, escépticos y a menudo intentan liberarse de los “sesgos cognitivos que limitan el pensamiento”. Se apoyan en el método científico buscando la imparcialidad y el raciocinio.
Ser un librepensador ha sido siempre arriesgado.
Que se lo digan a Copérnico o a Gallilei, ambos condenados y censurados por la iglesia inquisitoria de hace cinco siglos. O aún peor, asesinados, como Giordano Bruno, que defendería esas teorías heliocéntricas hasta el su último estertor, incluso sabiendo que en breves instantes su vida habría de acabar calcinada por las llamas del “santísimo”, junto a todas sus obras
La quema de libros del 33.
Que se lo digan también a todos los librepensadores ofuscados por la alemania nazi, y los cientos de miles de libros quemados y autores censurados durante la trágicamente famosa "Bucherverbrennung” del 33 - La "quema de libros". Libros eliminados de la existencia, de autores como Karl Max, Brecht, Gide o Hemminway. Autores exiliados como Einstein, Hassenclever o Zweig. Autores asesinados en campos de concentración como Ossietzky, Mühsam o Kolmer.
Pensamientos literalmente esfumados convertidos en cenizas por la endemoniada propaganda Nazi y la arcaica fragilidad caduca del papel
Cuantos cientos de miles de pergaminos y escritos fueron quemados, robados o destruidosde en la biblioteca de Alejandría o de la casa de la sabiduría de bagdad debido en su mayor parte al egoísmo teocéntrico romano, judio, musulman y cristiano a lo largo de todas las olas de destrucción histórica que sufriera lo que se suponen como los mayores almacenes de conocimiento de la historia de la humanidad.
Y con esta aniquilación cuántas toneladas de conocimiento, igualmente esfumadas. Y después el retroceso. La vuelta a empezar. Las épocas negras de la historia del conocimiento humano donde nos condenamos a reinventarnos en un proceso autodestructivo que parece formar parte de nuestro genoma.
Inmutabilidad
Lo que escribes en Steem queda archivado para la eternidad: con tus errores, con tus fallos, con tus fantasmas o tus momentos de lúcida genialidad, sí, pero para siempre. Con todo lo que ello supone. No se puede cambiar. No se puede dar para atrás. Es computacionalmente imposible.
Es esta irreversibilidad lo que hace del Steem algo único. Inédito hasta la época.
No soy el único absolutamente convencido de que es precisamente esta propiedad de las cadenas de bloques lo que hará cambiar el curso de la historia del ser humano. Una humanidad en un futuro presente donde no se podrán quemar libros, ni destruir bibliotecas, ni censurar voces disonantes, ni apresar a políticos discordantes.
Una humanidad donde predomine la transparencia universal e inequívoca. Donde los hechos - una vez cincelados en la "roca criptográfica" -no sean tergiversables. Donde los poderes fácticos no tengan la capacidad de dirigir las designios de nuestras mente.
Donde nadie ni nada nos diga que hacer o que no hacer. Que ver o que no ver. Que sentir o dejar de sentir sin más motivo que el de su propia ineptitud, cobardía o miedo.
Y para documentar estas últimas palabras os dejo con un fragmento de mi película favorita: “Cinema Paradiso” por Giuseppe Tornatore, que no es solo una obra maestra atemporal - con una de las bandas sonoras más emblemáticas de la historia del cine escrita por Enio Morricone, sino que está cargada de un mensaje que solo entenderais cuando veáis la película completa - perdonad por el grandísimo "spoiler"