Orinoco en Venezuela, representa la fuente de la vida, es el más grande y caudaloso de esta nación, parte de sus 2140 km recorren 17 de los 23 estados venezolanos (Amazonas, Bolívar, Mérida, Trujillo, Apure, Táchira, Lara, Portuguesa, Barinas, Cojedes, Carabobo, Yaracuy, Guárico, Aragua, Anzoátegui, Delta Amacuro y Monagas). El río Caroní, no tan amplio y caudaloso como el primero, sigue siendo uno de los principales ríos del país, es el segundo de mayor caudal y alcanza los 952 km de longitud (desde el tepuy Kukenán, hasta su confluencia con el Orinoco).
Lo que tienen ambos ríos en común (apartando la tierra en la que habitan) es el espectáculo visual que nos brindan a locales y extranjeros: la supuesta confluencia entre ambos ríos. Digo supuesta, porque ambas aguas se someten a riña entre sí, hasta que el Orinoco resulta ganador por ser el mas caudaloso.
Mas que lo descrito anteriormente, este espectacular fenomeno natural que maravillan los sentidos de cualquiera, existen los mas inspiradores relatos miticos que surguen para intentar explicar su majestuosidad:
Cuenta la leyenda aborígen que estos dos ríos simbolizan dos amantes, condenados a estar juntos pero nunca mezclarse.
Dice la leyenda que el Orinoco (hombre) y Caroní (mujer), se enamoraron. Nadie tiene la culpa de que hayan nacido en sitios diferentes, pero sus corazones latían de emoción cuando a través del viento se acariciaban.
Los dioses se opusieron y ellos, desafiando los obstáculos, acordaron encontrarse lejos de la montaña y juntos ir al inmenso mar azul. Ese era el sueño y lo cumplieron, de lo ortodoxo y heterodoxo hicieron una sola teoría.
Esa es la verdadera grandeza de la naturaleza, que tarde o temprano une lo que tiene que unir. Los cientos de admiradores vestidos de afluentes que caían rendidos a los pies de Caroní, no lograron quebrar sus deseos hacia su amado. Ella no flaqueó ni un instante en su anhelo de encontrase con su novio amado, y el día que lo hicieron, se dieron un beso suave y silencioso entre burbujas de agua dulce. Agarrados de la mano se fueron a recorrer el mundo a través de las corrientes oceánicas.
A veces el Orinoco se vuelve rebelde y altanero, pero apenas un guiño de Caroní, este se calma. En el fondo ambos se respetan, ambos se necesitan. En la mirada profunda se notan que se aman, que se cuidan y protegen. Cuando Orinoco está sofocado por el calor, Caroní le sopla el viento para refrescarlo. De igual manera, cuando Caroní tiene mucho frío, entonces Orinoco la arropa de calor. Ese gesto de ayuda mutua es el amor, es la paz y la libertad.