Así mientras cae la lluvia, así mientras te miro; solo puedes a través de mi, crear poesía:
O seré yo, sin posesiones, quien me eleve a su altura a contemplar su raíz y fuerza.
Palabras, hay algo en ti, que no te descubre.
Agujeros en la herida, sin dolor...
Versos subjetivos, háyala, sal a su búsqueda como feroz hambriento; devórala. Dime quien es.
Osadía; desnúdala, muéstrala ante mí.
Sin algún pedestal de cristal, de oro, de piedra, de ramas... Clamo por mirar que desciendes, y estar en tus pies o tu cabeza, o en tus besos o en tus labios.
Fantasía, preséntala a las noches, sin adornos ni ropajes.
Tráela sin cobijo; obsequio mi piel como premisa contra el viento y el frío.
Tacto; manipula su suavidad, sin limitarte a sus límites. Por dentro, por fuera y más allá.
Hazte agua y polvo, se claridad o de otro modo, sombra.
Sumérgete, provoca fundirte en mis huesos, arráncalos de mí.
Barro; elabora su rostro, esculpe sus alas.
Legión: ofrezco vientre y alma a cambio de la redención en su torso desnudo.
No quiero exponer mi avaricia, pero cura hasta sus recuerdos, llévalos en tu paso y déjala libre... En esos momentos, donde no hay tiempo, se congela el instante y mientras, te recuerdo, nos recuerdo y recuerdo la poesía que creas a través de mi:
Pasas por medio de la noche, atraviesas la muerte y el puente que divide nuestras sombras.
Llegas con tu regazo, dispuesto para mí.
Descobijas tu alma y de súbito mi carne.
Tallas en mi piel la más sutil poesía, narras una pausada y excitante historia.
Frenesí vehemente.
Las paredes que contienen nuestro fogaje parecen derretirse, pero nos sobra espacio; basta con tus siluetas, que disimulan las mías.
Leve, contundentemente leve.
Salen himnos de mi boca y tu susurro que dirige las estrofas.
Provocas las rimas y el compás.
Suspendidos, en algún lugar, como dioses consagrados.
Dimensión del éxtasis.
No pertenecemos, ni estamos; volamos.
Es la guerra más astuta, triunfo sin manchas ni heridas.
Audaces, fugaces.
Sin memorar recuerdos; creándolos.
Suave fin, como si la lluvia cayese y apaciguara nuestras ganas.
Volcán ausente, dormido. Nos rendimos, quizá, con el arropo de la gloria.
Honor.
Intactos, imperfectos como ayer; antes de cegarnos y caminar descalzos.
Sin alas ya, caemos.
Me traes junto a ti, volvemos a las paredes frías que ya no podían contenernos.
Sin dimensión, consientes.
Te marchas, y te quedas conmigo, no soportaría dejarte ir.