No puedo evitar sentirme como un «grinch» cuando se acercan estas fiestas.
Veo a mi alrededor que cada año hay más prisa por empezar: supermercados, centros comerciales, etc. Todos ellos quieren que compremos sus productos típicos y que sintamos la energía navideña fluyendo por nuestras venas. En unos años, estaremos en pleno verano acudiendo al encendido navideño.
El espíritu consumista se ha apoderado de todo lo que podía resultar bonito. Los catálogos de juguetes son cada año más grandes, las promociones empiezan antes para que no se nos olvide ninguna «compra» antes de la fecha indicada.
Por favor, llevamos todo el mes con el «black friday». Ya somos más americanos que los propios americanos.
Mejor no hablo del dineral que nos gastamos en lotería...
Y, encima, nos dicen que tenemos que estar más felices que nunca porque toca, porque así debe ser. Lo siento, pero a mí no me terminan de convencer.