Una oscura neblina cubría gran parte de la ciudad, a lo lejos el neón de la publicidad de los viejos apartamentos del complejo central iluminaban el vacío y la ausencia de las personas. Sujetos que habían sido esclavos de una decadencia cubierta con basta tecnología.
Sólo un pequeño niño jugaba en la azotea de su edificio. Él junto a su madre eran uno de los pocos inquilinos que aún habitaban en aquella abandonada estructura de pronta demolición, su portátil simulaba un juego espacial, pero una luz en el cielo le hizo emerger de la hipnosis en el cual era preso, nunca había visto algo igual.
Aquella luz se hacía más grande, giraba de un lado a otro en movimientos rectilíneos, era imposible moverse. El enorme objeto de cristal metalizado se había aposentado encima del niño, él en su inmensa inocencia extendió sus brazos queriendo alcanzar la luz que emitía un sonido peculiar, cada vez estaba más cerca de cumplir con su cometido.
Al fin lo pudo hacer, se sintió feliz por un instante.
Aquella enorme esfera metalizada en un súbito movimiento desapareció entre la penumbra de la noche dejando una estela por el firmamento.
En la oscura neblina, un portátil se encontró en la azotea.