¿Cuanta memoria tiene el corazón?
Tanto perdonar para olvidar,
Como si no quisiera nunca sanar.
Cuanta paciencia al dolor, a la resignación.
Entre fallos e imperfecciones del corazón,
Podernos darnos el lujo de llorar por amor,
De sufrir por amor,
Pero solo por amor.
¿Y donde está el amor real en la agonía?
O es que la agonía ya agotó al amor.
A veces nos dejamos al vacío,
Al oscuro vacío de la auto resignación.
Y en amores no entendidos
Y ni siquiera queridos, te hundes.
Solo.
Y entre tanto agotamiento, perdón y olvido,
Me había olvidado que a veces es necesario recordar.
Recordar para crecer.
Recordar para cambiar.
Y que el cambio es inevitable.
Recordar es un grito,
Un grito al alma,
Que la libera,
Que te la regresa.
Saber cuando decir adiós no es olvidar,
Es recordar que amar es hermoso y equivocarse también.
Una y otra vez.
Y ahí, sentado en la orilla de esa playa, con pleno atardecer, una brisa inolvidable, tranquilizante y reconfortante, mientras maquinaba todo lo que ustedes acaban de leer, recordé una frase que me dijeron una vez:
"No dejamos de sufrir por olvidar, tampoco olvidamos para dejar de sufrir."