Por allá en el 2010 se estrenó una película sobre un hombre llamado Khan y su esfuerzo mayúsculo por demostrarle al presidente de Estados Unidos que no era un terrorista por el hecho de ser musulmán. En ella se expresa de una manera fantástica como, a pesar de las dificultades, alguien puede marcar la diferencia y mandar un mensaje claro al mundo, simplemente siendo auténtico.
Khan era autista y también muy obediente, él siempre se esforzaba por hacer lo que era correcto aunque muchas veces llegara al extremo de asustar a las demás personas. Pero lo más llamativo de él, es que como mencioné anteriormente, era él mismo y desde su humildad logró impactar al planeta entero con una frase sencilla, pero poderosa: No soy un terrorista.
Lo que tuvo que pasar Khan para lograr que su mensaje llegara no fue nada sencillo: Recorrió largos kilómetros de distancia, enfrentó a la justicia norteamericana, soportó el acoso constante de las personas, lidió con el terror que de una u otra manera sentían por él y un buen número de cosas más que hicieron parecer imposible cumplir su objetivo. No obstante, su obsesión por hacerlo realidad pudo más que cualquier traba física, emocional e incluso cultural.
A mi la historia de Khan se me parece mucho a la de Lucas Vázquez en el Real Madrid, evidentemente, el extremo no tiene ninguna enfermedad como la del personaje del film, pero sí que atraviesa una odisea para poder demostrarle al club, a la fanaticada y al mundo su potencial y sus intenciones.
Lucas no es el jugador que más camisetas vende en el club, tampoco tiene un nombre que represente demasiado dinero en el fútbol, pero a pesar de eso ha logrado, con humildad y un trabajo incansable ir subiendo peldaños y sorteando obstáculos para cumplir su sueño de jugar con la camiseta blanca.
De hecho, fue uno de tantos jugadores que abandonó el filial para jugar en un equipo modesto de la primera división, a sabiendas de que el Madrid no quería contar con él para las temporadas posteriores.
Pero, como Khan, su esfuerzo y compromiso rindieron frutos, y Florentino Pérez lo trajo de vuelta al equipo hace algunos años.
El canterano sabía que aquel fichaje era solo un paso más para poder lograr trascender, comprendía que tenía que lidiar con la imágen de jugadores como Cristiano Ronaldo y Gareth Bale, que también juegan en su posición. Pero este hecho no lo desmotivó en su momento y tampoco lo hace ahora. Por el contrario, parece haberlo incentivado a sacar lo mejor de él en busca de continuidad, porque ha hecho una temporada excepcional en 2018.
Tengo fe de que Lucas seguirá con su ascenso en índices de calidad (ya fue convocado al mundial de Rusia), tiene todo para hacerlo y desde hace ya un tiempo, muchos madridistas se han rendido ante la forma tan auténtica con la que asume el compromiso de vestir la camiseta del Real Madrid.
Ya muchos han entendido el mensaje: Es un verdadero madridista.