Tengo sueños de algodón.
Sueños dulces, como algodón de azúcar. Pero pesados cuando caen mis lágrimas sobre ellos. Imposibles de llevar, una rana en un desierto. Mi mente queda desolada, veo la felicidad al final del camino, pero sólo es un espejismo. Quise agua para saciar mi sed, pero nada sacia mi sed de conocimiento. Pensé que era un gran pensador, pero entre mis sueños de algodón ese es uno más. Tantos sueños frustrados pintados de color de Rosa, pero negros por dentro, por eso inician los incendios mentales tan rápido.
Tengo sueños de algodón, que poco a poco se van consumiendo. El mismo gusano de los libros de mi mente, se come mis sueños poco a poco. Soy sólo otro títere sin titiritero, pues decidí llevar mis cuerdas yo mismo. Pero cada vez que quiero moverme me caigo, porque no tengo la capacidad para hacerlo. Quiero creer que puedo conseguir lo que me proponga, pero esos sueños de algodón no están a mi alcance. Lamento ser tan débil por dentro y por fuera, pero en mis sueños de algodón soy alguien fuerte capaz de proteger a la gente que ama. Me voy por las ramas, columpiandome entre las lianas, para nada porque era otro espejismo y sólo voy sobre serpientes. Eva comió la manzana condenada, y yo estoy condenado a no poder comerla.