No espero superarte, es más, ni siquiera lo intentare, y las razones aunque absurdas son lógicas, lo que se intenta superar es algo que tuvo un impacto negativo en este grano de arena que es nuestra insípida existencia en el paso del tiempo imperecedero, y a decir verdad, eres lo más antagónico que conozco al mal en mi vida, que se llenó de vida cada vez que sonreías.
¿Recordaras el sabor de mis labios cuando tus labios posados en una taza de café te recuerden alguna charla de tarde, alguna queja del clima, un chiste que por mal contado te produjo una risa caritativa? Porque sinceramente solo lograre recordarte cuando el sístole y el diástole de este atormentado reloj que dejas sin cuerdas ni manijas, transfieran las minúsculos partículas de vidrio que siento que recorren mis venas desde que dejaste de creer en que la vida se pone más difícil cuando la meta es grande.
Quizás es un gran error de mi parte, una transferencia, una proyección que hice, y pensé que podrías valorar tanto como yo, aquella locura que sin pies ni cabeza, fui pintando entre tu espalda y tu pecho, para quedarme a vivir en ella.
No volveré a cajones vacíos, ni a princesas de saldo y esquina como Sabina cuenta y canta, pero son mis cartas un refugio donde puedo resguardarme del frio que se siente al llevar un cuerpo sin alma por habértela entregado aquel día, para que nunca estuvieses sola.
Mismas letras, otras palabras, nuevo dolor, cual infección que por ser tratada en tantos intentos se hizo autoinmune y no deja otro camino que la destrucción del ser.
Ojala, mi reina, que al dejarte recoger tu corona, tus caballos y tus joyas, tengas un nuevo reino, donde tus sonrisas sean sinceras y tu corazón tenga abrigo.
Black F.
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