Es bien sabido que Venezuela atraviesa una terrible crisis en todos los aspectos. En esta publicación me enfocaré en la única solución para los ciudadanos de a pie: La migración. A mí no me había trastocado este particular de la crisis venezolana hasta este año. Se fueron familiares que estuvieron conmigo desde la infancia. También me despedí de tres amigos muy queridos, quienes se fueron a tres destinos totalmente distintos y separados, minimizando las esperanzas de un reencuentro. Pero el golpe que me dejó sin aliento fue la partida de mi novia, mi amor, mi Gabriela.
Aunque en teoría es una ausencia temporal es una ausencia al fin, afecta muchísimo; me afecta muchísimo.
Yo sólo quiero abrazarla de noche, sostener su mano de día, estar con ella en silencio, conversando u ocupados. Yo sólo quiero estar con ella.
Me la arrebataron por 4 meses, 4 meses en los que pude verla sonreír, bailar o lo que fuere, verla es lo que pido. Si embargo no me será permitido.
Los responsables habrán de pagar todo el sufrimiento de la gente. Habrán de pagar por mi sollozo nocturno, por mi lamento perenne.