Modelo
Aunque originalmente esta es una actividad proveniente directamente desde el oriente, la meditación se ha vuelto popular en occidente gracias a los beneficios que aporta para la salud de quién lo practica. Ante una cotidianidad cargada de estrés laboral, familiar, económico o de otra índole, es una práctica que nos aparta de los estímulos ambientales agobiantes, logrando que logremos un grado de conformidad propio que nos permita entrar recuperados –psíquicamente hablando- a nuestras responsabilidades u actividades diarias. El efecto prolongado de esta práctica, incluso tiene el poder de cambiar hasta el resultado de una conversación, logrando hacerla más placentera tanto para el que escucha, como para el que habla.
No es un comodín milagroso de esos que te prometen la sabiduría eterna de Buda dentro de ti tras quince minutos de haber comenzado. Siendo más sincero, si en la primera vez que practicas llegas a conseguir quince minutos de concentración plena en dicha actividad, dudo que no seas una persona con un estilo de vida bastante saludable en términos generales. Pero como no todos estamos incluidos dentro de esta categoría de seres “iluminados” sino que nacimos y nos criamos con facultades y creencias humanamente imperfectas es muy común que nos cueste algo de trabajo al principio, pero como a todo musculo que se ejercita, el cerebro también se vuelve algo necio durante su práctica. Esto es algo que a medida que practiquemos irá reduciéndose, cediendo paso a la apreciación de sus beneficios.
Los beneficios son generales, sin embargo algunos tipos de meditación sirven para desarrollar o ejercitar áreas del cerebro que nos ayudan en ejecuciones psicológicas específicas.
Una cosa si es segura, cualquier tipo de meditación ayuda a evitar o aliviar los síntomas de malestar ocasionados por el estrés.
El estrés eleva los niveles de cortisol en sangre, esta sustancia es una hormona que al liberarse disminuye el rango de efecto del sistema inmunológico y como consecuencia nuestro cuerpo se vuelve más propenso al ataque de infecciones, parásitos, virus y demás organismos patógenos o infecciosos.
El cortisol no es que sea del todo una amenaza campante, porque la misma es una hormona importante para llevar a cabo los procesos de glucogénesis y colabora con las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina, ambos son neurotransmisores) en momentos en donde necesitamos exigir nuestra máxima capacidad en actividades físicas o mentales.
Entre esas actividades físicas se puede agregar el huir de alguna amenaza, gracias al efecto que ocasiona en la redistribución de la sangre al corazón, las piernas y la dilatación de las pupilas para observar mejor el panorama de huída o enfrentamiento, y en las capacidades mentales que proporciona se puede menciona el almacenaje de recuerdos a corto plazo, así como la planificación espontánea en base a la supervivencia.
Cuando ocurre algún evento o estímulo ambiental, sin importar su naturaleza (positiva o negativa) es procesada por un conjunto de estructuras cerebrales denominadas sistema límbico. Si el estímulo es estresante, el sistema límbico se comunica con el hipotálamo liberando una hormona llamada corticotropina (CRH), esta hormona viaja hasta la glándula pituitaria o hipófisis dándole luz verde para que procese la liberación de otra hormona llamada adrenocorticotropa (ACTH). Después, la ACTH viaja hasta las glándulas suprarrenales, y es allí donde estimula su corteza para que ésta produzca glucocorticoides, entre ellos se encuentra el cortisol.
Se ha comprobado a través de múltiples estudios en personas con distintos tipos de estrés (laboral, familiar, económico, por enfermedad ajena o propia), que el sistema inmunológico deprime la actividad de las células inmunológicas que la conforman, a más de la mitad de su función. Es decir que las células NK, los monocitos, los macrófagos, los linfocitos T CD4 y CD8 y las inmunoglobulinas de los linfocitos B se ven afectadas con altos niveles de cortisol plasmático, evitando que puedan trabajar correctamente.
En anterioridad ya les he hablado acerca de la habilidad que tiene nuestro cerebro de cambiar su estructura o de moldearse según nuestras necesidades o precariedades, el cerebro es un órgano que responde y se adapta a nuestras exigencias, así estas sean dañinas para nosotros mismos.
Gracias a su conformación interconectada en red, se ha demostrado que ésta parte de nuestro cuerpo se moldea según sea la naturaleza de nuestra sinapsis, información que concebimos y distribuimos o simplemente, la calidad de nuestros pensamientos.
Estudios realizados con Imagen de Resonancia Magnética (IRM) y con Electro Encefalograma (EEG) a personas con años de práctica en esta actividad, han comprobado que las zonas del cerebro que perciben cambios son; la corteza somatosensorial, las zonas de Browman 9 y 10 ubicadas en el lóbulo frontal, la ínsula y la corteza auditiva.
Vista lateral derecha del cerebro
Vista lateral izquierda del cerebro
Además de esto, la sustancia gris (la encargada de facilitar la comunicación cerebral, impulsada por las células corticales [neuronas]) en personas con afinidad a la meditación, tiende a ser de un margen superior de concentración localizada a aquellos que no practican esta actividad. Según los hallazgos, los individuos que practican la meditación Vipassana, Zazen o Samatha poseen una mayor concentración de sustancia gris en el lóbulo temporal inferior izquierdo, la corteza orbitofrontal derecha, el hipocampo derecho y el tálamo derecho.
Vista de un corte sagital medial
Vista inferior del cerebro
A las personas que participaron en investigaciones relacionadas con la búsqueda de beneficios neuropsicológicos en la práctica de la meditación o del mindfulness, se les aplicó el cuestionario de mindfulness o atención plena. Esto se realizó para medir de manera cuantitativa y cualitativa los aparentes beneficios de haber realizado esta actividad todos los días, durante un periodo aproximado de 30 minutos por un lapso mínimo de dos meses. Esta escala evalúa 5 aspectos en la persona:
Capacidad de observación; prestar atención a todos aquellos estímulos internos y externos, tales como emociones, imágenes, sonidos, sensaciones y olores.
Descripción; tener la capacidad de traducir en palabras dicho estímulo interno o externo.
Actuar con consciencia; atender a las acciones actuales sin comportarse de forma automática o robotizada.
Sin juzgar la experiencia interna; abstenerse a evaluar aquellas sensaciones y cogniciones o emociones interiores.
No reaccionar a la experiencia interna; capacidad de permitir que los pensamientos y sentimientos se desplacen de manera espontánea en el pensamiento sin la necesidad de fijarse en alguno de ellos.
Los resultados a estas pruebas imagenológicas y psicométricas demostraron que aquellos que aplican este modo de modo de vivir, poseen un equilibrio interno adecuado.
Las partes anatómicas del cerebro que cambian con la práctica de la meditación, el mindfulness o el yoga se encargan de las siguientes funciones cognitivas:
El lóbulo frontal: Las áreas de browman 9, 10 y el cortex orbitofrontal derecho pertenecen al segmento frontal de nuestro cerebro. Esta área es la encargada de procesar correctamente la interacción social, el lenguaje escrito y verbal, la memoria de trabajo, la toma de decisiones y controla la inhibición del carácter y comportamiento. Es el área lógica de nuestro cerebro, esta zona es tan importante que las lesiones que afectan ésta área son capaces de cambiar la personalidad de la persona, es como si dejara de ser quién fue.
El cortex orbitofrontal: Está conectado con la amígdala cerebral, la cuál es un área del sistema límbico que funciona como filtro emocional (se infla) y también es importante para la liberación de dopamina (neurotransmisor de recompensa). Al haber una mayor concentración de sustancia gris en el lóbulo frontal ayudaría a que las conductas desinhibidas como el consumo de sustancias, el juego patológico, el comer compulsivamente, la mitomanía o la piromanía, desaparezcan. Claro, esto va sumado al tratamiento terapéutico.
Lóbulo temporal: Este es el principal encargado de darle la bienvenida a todos aquellos estímulos sensoriales que se pueden recibir a través de nuestros sentidos.
En ésta área existe cierta preferencia a la audición, al ser el órgano que colinda con las orejas. Dentro de sus zonas anatómicas se encuentra un área denominada Wernike, ésta nos proporciona poder identificar y dar sentido a todo aquello que escuchamos.
Por lo tanto, si bajo los reinados del estrés nuestro cerebro sufre un accidente cerebro vascular (lo cual es común) puede afectar esta zona, en consecuencia tanto el habla como la escucha estarían afectado. El área que se encarga del lenguaje es propia del lóbulo frontal, pero si alguien no puede entender lo que escucha, menos podrá dar una respuesta coherente con lo que se desea.
Ejercitar ésta área a través de la meditación aumenta la memoria auditiva, favoreciendo la empatía y la recuperación de recuerdos relacionados con la audición.
- El hipocampo: Muy importante en el proceso de memoria. Esta zona del cerebro forma parte del sistema límbico y colinda directamente con la amígdala cerebral. Se ha descubierto que funciona como un puente de contacto o como un activador para que otras zonas del cerebro recuperen recuerdos de la memoria declarativa o semántica, es decir la que se relaciona con eventos episódicos de nuestra vida y los cuáles podemos expresar de manera verbal.
Otras de las habilidades que se encarga de procesar esta zona, es la memoria anterograda (es decir, los recuerdos significativos del pasado) y los lugares que vamos conociendo (células de lugar), esta función es lo más parecido a un GPS. La meditación facilita recordar sucesos pertenecientes o asociados a un lugar, mejora nuestras capacidades viso espaciales.
- El tálamo: Aquí llega toda la información proveniente del sistema nervioso central, luego ésta información se transforma y se envía tanto dentro del tálamo como a muchas otras zonas del cerebro. Se ha asociado esta estructura con la organización de la conciencia, es decir que tras analizar todos los estímulos sensoriales y compartir dicha información con otras zonas del sistema cerebral, proporciona una información más estética que ayuda a conformar el pensamiento lógico, emocional y abstracto.
Para concluir
Lejos de ser un ritual esotérico, la meditación ha demostrado que cumple con el aval científico necesario para ser considerada como un complemento más para la prevención del síndrome de enfermedades psicosomáticas causas por el estrés, de enfermedad cardiovascular y para el tratamiento de enfermedades mentales. A su vez también ayuda a mejorar las capacidades cognitivas de aquellas personas que se encuentran sanas y encuentran un complemento de vida en esta actividad. La concentración, la fluidez del pensamiento, la memoria, el lenguaje, la habilidad visoespacial y el control de los impulsos y las emociones son atribuciones que se añaden a la practica continua de la meditación. Esto ocurre gracias a la concentración o recubrimiento de nuevo material neuronal en las zonas beneficiadas, las cuales se privilegian de lo que se conoce como neuroplasticidad, por lo tanto es un hábito altamente recomendado y que a la larga trae consigo beneficios para la salud.
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Referencias
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Dr Willem Kuyken, PhDRachel Hayes, PhDBarbara Barrett, PhDRichard Byng, PhDTim Dalgleish, PhDDavid Kessler, PhDGlyn Lewis, PhDEdward Watkins, PhDClaire Brejcha, BScJessica Cardy, BScAaron Causley, BScSuzanne Cowderoy, MScAlison Evans, MScFelix Gradinger, PhDSurinder Kaur, BScPaul LanhamNicola Morant, PhDJonathan Richards, BScPooja ShahHarry SuttonRachael Vicary, PhDAlice Weaver, BScJenny Wilks, MScMatthew Williams, MScRod S Taylor, PhDSarah Byford, PhD - Effectiveness and cost-effectiveness of mindfulness-based cognitive therapy compared with maintenance antidepressant treatment in the prevention of depressive relapse or recurrence (PREVENT): a randomised controlled trial | Link
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