Diáspora
Venezuela es un país de modas; de hecho estuvo considerado hasta no hace mucho como el que tenía la población más coqueta del mundo, y esto es explicable desde el punto de vista de la tendencia del venezolano en seguir modas de todo tipo, desde musicales, de ropa, maneras de hablar, comidas, etc.
Les pondré varios ejemplos: Cuando yo era adolescente, cada ciertos meses se ponía de moda una manera de bailar, particularmente la música pop. No había fiesta o discoteca en que no vieras a todo el mundo dando los mismos pasos de baile, es decir, daba igual con quien lo hicieras, todos iban a bailar de la misma manera, y ay de aquel que se le ocurriese hacer alguna otra cosa, casi era expulsado del lugar. En Venezuela se ponen de moda maneras de hablar, especialmente modismos y malas palabras, que al cabo de unos años son sustituidas por otras y es que ni lo acentos se salvan: Una "sifrina" de ahora no habla igual que Laura Pérez, la sin par de Caurimare, personaje de una popular canción de los 80 que revolucionó la manera de hablar de los chamos que querían pertenecer a las clases altas de las ciudades venezonalas. Muy distinto habla el "tierruo", antes llamado ranchero, marginal o cerrícola, todos estos términos despectivos que hacían referencia a las clases bajas, o sea, lo contrario de sifrino. Ahora ese acento es propiedad de los "malandros" y todo chamo de barrio que se respete o aspire ser respetado, habla así.
Si de negocios se trata, la moda también se impone: Basta con que a alguien le vaya bien en un emprendimiento, cuando todos los demás lo imitan. Así pasó con las máquinas chinas que envasaban los populares frappés (ya casi extintos), que se conseguían en cada esquina a mediados del año 2013. Antes de eso fue el furor de los taxis blancos, que pintaron de ese color todas las calles del país y más atrás fue el estampado de franelas, lo que inundó a los mercados de cientos de diseños de franelas, algunos muy creativos y originales y muchos otros de un auténtico mal gusto... En fin, la lista es interminable.
Ya en plena crisis pos Chávez (en donde lo malo se volvió peor), llegó la moda de los raspa cupos. No hubo compatriota que no haya salido al extranjero con dólares baratos subsidiados por el Estado aunque sea a Curazao a buscar esos dólares y venderlos aquí en el mercado negro, con un nivel de ganancia estrambótico, aunque mínimo si se compara con lo que se ganan los que manejaban todos los demás dólares en el gobierno.
Así llegamos a la nueva moda: Irse. A diferencia de las otras, esta vez hay razones que motivan a esta decisión además de una simple moda. Vamos a considerar primero estas razones para luego seguir con los que mantienen la tradición de ir con la corriente de la moda.
Razones para salir del país sobran. No pretendo con esta opinión minimizar este hecho, ni desvalorar por lo que tienen que pasar las personas que deciden emigrar, especialmente los que se van por tierra, hasta a pie. En Venezuela estamos completamente desvalidos, desprotegidos, no hay Estado, no hay gobierno, no hay instituciones, no hay ley, no hay derechos, es como un pueblo fantasma en el que todavía no se han muerto todos sus habitantes o no han terminado de huir. Fíjense que no nombré a la comida, a las medicinas, a los servicios básicos, a los repuestos automotrices y a la inseguridad desbordada, etc. No lo hice porque estas cosas son consecuencias de las primeras; estos problemas son creados por la escasez de los citados primeros. Por lo que en una situación así, es normal la emigración, es un fenómeno que se ha dado a lo largo de la historia en países que no le ofrecen seguridad de ningún tipo a sus habitantes, por lo que sería mezquino y desconsiderado de mi parte, criticar a los que toman tal decisión.
Fuente
Enfermeras protestan por mejoras salariales. El sueldo mínimo en Venezuela no supera los $2 al mes.
Sin embargo, entre los que se van y los que planean o desean irse (no tengo las cifras pero debe rondar al 100% de la población), hay algunos que lo hacen porque es la moda del momento. Porque a fulano le va bien en Panamá,me voy a Panamá, luego ya no era ese país sino Ecuador y salimos en bandada a Ecuador, después cambiamos a Colombia, pero luego nos enteramos que mejor estaba Chile y de ahí a Perú que es la actual tierra prometida. De hecho hay personas que en solo dos o tres años han hecho este recorrido, detrás de la corriente de las cadenas de Whatsapp o facebook que nos dicen qué destino seguir. Conozco colegas que a 3 semanas de terminar la carrera (escribo esto el 14 de julio de 2018), les preguntan que cuál es su sueño en la vida y responden: "Irme a España". ¿Y después qué?
Una decisión tan trascendental como la es de emigrar no puede ser tomada por las emociones, debe ser estudiada, meditada y programada. De otro modo, corremos el riesgo de llevarnos con nosotros las causas del desastre de país que tenemos y sentir que no pertenecemos a ninguna parte y lo que es peor, ganarnos la antipatía de los anfitriones. Podemos huir del país, pero no de nosotros mismos. Seamos el cambio que queremos ver en los otros, dijo por ahí alguien, solo así podremos tener éxito sea cual sea la decisión que tomemos: Guapear aquí o empezar de nuevo allá.