Todos tenemos ciertos lugares que acostumbramos visitar cuando necesitamos una pausa del rutinario quehacer diario y simplemente sentarnos sin concentrarnos en nada más que contemplar el mundo a nuestro alrededor, por supuesto yo no soy la excepción, y una tarde mientras me encontraba sentado en la plaza a la cual suelo acudir en la búsqueda de esa paz, saltó a mi vista una imagen que tenía que atrapar con la cámara, una de esas escenas que te inspiran cierto tipo de fascinación estética y espiritual, al menos en mi caso. Se trataba de la fusión entre el verde de la naturaleza, la arcilla de la ciudad y el maravilloso azul de UN CIELO SOBRE NOSOTROS, ese que siempre nos recuerda que aunque a veces se esconde tras nubes grises y gotas de lluvia, siempre se deshará de ellas para brindarnos la luz del sol.