¡Oh Padre! A tus pies
he doblado mis rodillas,
has vencido el orgullo
que revestía esta coraza,
¿Que más puedo hacer?
tú probaste que somos
peces muriendo ahogados;
desgarrado, así, mírame;
ve, como entre nudos
las palabras salen y me
humillas con la verdad
que debo admitir ante ti.
Ya no soy nada, sólo restos
de un campo que la sangre
perfumó y osamentas que
el alma resuelta ha dejado;
ten de mí piedad o duda,
sálvame del baldío sentir,
dame una hora de tu tiempo
y verás la magnífica creación
retando una vez más, la fuente
que vio todos los seres nacer.
San Carlos, 09 de junio de 2021