Carta a mis Hijos.
Un día de estudiante y otros quehaceres, recibí la bendición de concebir a mis hijos en épocas y de sexo direfente, ella hermosa mujer, ahora dueña de mis enseñanzas, amor, amistad, lealtad y fuerza, la autopropulsa a un éxito inminente. Él, hombre pequeño en edad, con ilusiones de grandes, hechas a sus sueños, intelecto audaz e inocente, me muestra sus habilidades y destrezas.
La motivación que tienen como personas que vivimos en una fuerte crisis económica y social, impregna los espacios de su vida. Ella, con sus aciertos y errores cometidos, avanza con pequeños negocios, orfebrería, fotografía, escritora, poetiza, agente de cambio en la sociedad, cuando ayuda a los jovenes abandonados, amante de animales, en fin una gran disposición a ser agente de cambio en su entorno.
Todos estamos llenos de visualizaciones de nuestro futuro, mi hijo deportista que ha transitado por los senderos del taekwondo, natación y el fútbol, este último su gran pasión, deporte que práctica desde los 6 años, donde ha cubierto todas las posiciones desde arquero hasta goleador en su actual equipo. Enfrentó algunas operaciones de sus piernas, para ajustarlas, superó la recuperación de más de 8 meses, y se reintegra a sus actividades de manera satisfactoria. Hoy es alumno de 3er. año de ciclo básico, mañana jugará su primer juego de fútbol luego de su ausencia por las operaciones. Atraido por las maravillas tecnológicas, siente afinidad por los computadores y teléfonos inteligentes, que lo inclina a sus mares de conocimientos técnicos y analíticos.
Hoy quiero verlos juntos como uno, fuerzas unidas para el éxito común, cada ente figura por sus propios medios, pero la sangre nunca se separará, por esto y en retropección a mi vida, solo quiero que nunca se separen, siempre abrasen, besen, llamen, visiten, ladillen el uno al otro sin verguenza. Nadie puede, interferir entre ustedes como hermanos.
Suerte hijos!!!