Hoy he pensado que lo grandioso de la naturaleza nos permite observarnos como seres diminutos ante tanta majestuosidad. Sin embargo, ella, nuestra madre tierra, nos recuerda sin embargo que somos parte de ella, somos sus hijos pero también nos pertenece. No para explotarla, destruirla y pisotearla, sino para amarla profundamente, en una relación de equilibrio que no debemos perder. Debemos reconstruir la red de la vida, retomando el respeto y reconocimiento de sus derechos fundamentales.
LA ROCA DEL INDIO HERMOSA MAJESTUOSIDAD DE MÉRIDA VENEZUELA