La vida, o mejor dicho, la sociedad está llena de injusticias y paradojas, sobre todo en el tema de los dos caminos que una persona puede elegir y seguir a lo largo de su existencia: el bien y el mal.
Todos hemos visto una película donde el malvado siempre es el perdedor al final, el que es humillado, masacrado o encarcelado por sus fechorías; el bueno por el contrario, es el que vive más provechoso, ‘‘feliz para siempre’’ por así decirlo, algo realmente genial y justo si fuera la realidad, porque en mi opinión los que generalmente triunfan en este mundo son los malvados, los mal intencionados.
¿Cuántos monstruos no son millonarios y lo tienen todo? y ¿Cuánta gente de buen corazón está siendo constantemente torturada por la vida misma?, es algo muy triste de pensar porque debería haber un balance en esto, debería existir la aclamada justicia.
Duele mucho presenciar cada día a estas personas que valen la pena sufriendo por cubrir sus necesidades básicas, para simplemente subsistir… Que realmente quieran obtener sus cosas siendo honestos y en vez de que se les haga alcanzable es lo contrario; esos que fielmente creen y buscan a DIOS sin importar qué, pareciendo que este ente PODEROSO se ríe y les traiciona porque le da la buena fortuna y bendición a las deshonestos.
Algo que se puede notar (o al menos he notado), es que estas personas se van muy rápido, mueren al padecer alguna de las peores enfermedades existentes o en accidentes, haciéndome pensar en la posibilidad de que realmente a lo que llamamos mundo es el infierno que relatan en las historias bíblicas, que los que permanecemos aquí somos los pecadores, los que deben ser castigados, porque más allá de que la vida es hermosa podemos ver que está plagada de verdaderos demonios que se aprovechan de la buena voluntad de otros, y jamás mueren, ¡esos si son los primeros que duran hasta los 90 años!.