Logro admitir que a veces me siento un poco melancólica al pensar esto: las personas muchas veces no están con nosotros a lo largo de toda nuestra vida en la tierra.
A medida del tiempo, como seres sociales que somos, vamos conociendo a diferentes personas que se topan en nuestro camino en situaciones y circunstancias diversas, éstas nos generan impresiones que pueden ser tanto positivas como negativas dependiendo de su trato y de cómo fluya el proceso de comunicación entre ambos. No hay nada mejor que conocer a alguien que nos cae de lo mejor y podamos compartir nuestras ideas y opiniones sin entrar en disputas acaloradas, donde simplemente uno puede ser uno mismo con confianza. Al suceder esto, claramente querremos ser amigo de esta persona para que podamos brindarnos una confianza, mano amiga y compañía recíproca.
Todo bien, hasta que en algún momento… Se va de nuestra vida.
A veces por diferentes razones que no necesariamente son negativas, las personas ya no se hablan o tienen el mismo trato como antes, esto no quiere decir que no fueron nuestras amistades en algún momento, pero como un ave o una dulce brisa, las personas vienen y se van de nuestra vida porque todos tenemos responsabilidades y caminos diferentes que nos hacen desprendernos para conocer a otros… A pesar de que sea triste, en el trayecto nos cedieron parte de sus conocimientos, parte de sí mismo, cosa que siempre hay que agradecer.
Antes juzgaba esto como ‘‘no son amigos’’, pero en realidad si lo fueron porque me otorgaron en un momento de su vida atención, comprensión y sobre todo tiempo que no puede volver atrás… Intento ser agradecida aunque no hay nada mejor que esos seres que no importan los años que pasen, permanecen allí sin importar la separación de nuestros pasos y metas, sin importar que lleguemos a no tener un trato continuo, la confianza permanece… Personas que tienen parte de nuestro corazón sin importar qué. Pocas pero reales.