Sin embargo, el Caso Odebrecht, bien conocido y manejado en casi todo el mundo y que supone una vergüenza ajena pero de todos a la vez, provee un guiño para un observador promedio querer empezar un diálogo que se hace urgente.
Una posible respuesta, y de eso realmente trata este artículo, es esta: Solo un conglomerado de empresas conocedora del alma y la idiosincrasia de un pueblo, sus debilidades y ambiciones, puede y es suficiente para poner a prueba tal integridad.
Tocante a los modelos económicos y el capitalismo salvaje podríamos hablar en otra oportunidad; Pero, siguiendo la línea de lo que acabo de plantear, quiero continuar centrado en la siguiente pregunta y una de las tantas y posibles respuestas: ¿Cuáles son esas debilidades que ha sabido explotar la empresa brasileña en toda América Latina? Debilidades que, por generalizadas, pareciera una cuestión del "carácter latinoamericano". Una idea que puso en mi mente un querido profesor en la universidad se me revela como facilitadora de esas fisuras minúsculas que hoy son grandes boquetes. Parafraseo aquella idea:
“América Latina, y probablemente otras regiones del mundo, tiene una visión del liderazgo y del poder errada. La colonización nos heredó el modelo: Un rey infalible y un Papa incuestionable. Razón suficiente para entender cómo ésta región del mundo, para poner un ejemplo, ha producido dictadores cual palomitas al sartén.”
Y ahí el guiño. Modelos errados que se han venido perpetuando y que son base perfecta para el escenario de corrupción que observamos. Podriamos enumerar algunas prácticas del poder que se desprenden de la noción de incuestionabilidad “del jefe” legada:
- Provee la estructura para hacer cuanto se quiera, no importa si se violan las leyes.
- La ley es un simple papel que se usa cómo y cuando se quiere.
- El líder se cree facultado para obrar a su antojo, aun cuando nominalmente está rodeado de un consejo o de consultores.
- Ausencia total de transparencia.
- La suposición de perpetuidad que empuja a hacer lo imposible por mantenerse en el poder.
- Ver los pueblos como herramientas para el poder y no como seres humanos a quienes debe servir.
Puede que algunas de estas ideas luzcan semejantes, pero cada una es propicia para iniciar debates, relacionarlas con la historia de cada país, mencionar casos muy puntuales y señalar nombres de los individuos en el poder representativos de este proceder y que son los más identificables por todos.
Tanto la lista de esas prácticas como el análisis que se desprende y las repercusiones a futuro de estas maneras de ejercer el poder, podrían ser extensas y generarían los debates más candentes. A mí me parece, siendo apenas un observador que pretende verse como facilitador de estas reflexiones, que esto es suficiente para invitarnos a repensar tanto la estructura política de la región como nuestras ideas personales y particulares que podamos tener del liderazgo y del manejo de la cosa pública. Nos lo van a agradecer las futuras generaciones.
Luis Graham Castillo
Santo Domingo, 2017.
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