Las noches tienen un nuevo monstruo, nació de un huevo que reposaba en el jardín de Elisa. Nadie se percató del hecho, solo un gorrión de plumas opacas. Nunca hubo una madre que se acercará a alimentarlo, ni un padre que protegiera el nido de las hormigas glotonas, el pobre monstruo tuvo que aprender a defenderse solo, eso sí, siempre manteniendo la cara de malo, el más malo.
El crecimiento de los monstruos no es demorado, en 15 días llegan a su adultez y están listos para sacar ojos, descuartizar animales y espantar a los humanos. Este amigo, ya estaba listo para empezar la cacería, solo debía practicar su voz, frente a un trozo de espejo abandonado en un patio trasero.
Todas las noches frente a este se paraba y balbuceaba ―ha llegado tu día―, con voz gruesa y música de fondo dramática. Luego decía― tienes una hora antes de morir, no podrás esconderte, soy un ser omnipresente ―sin embargo, siempre se reía con esta frase, pues bien sabía que no era omnipresente y que, si salían corriendo, sentiría pereza de ir tras su víctima.
Pensó en cambiar de estrategia, no ser el monstruo horrible, sino el alma en pena de algún vecino o habitante del lugar ― hola humano, soy la muerta alma de la vecina, he venido por el azúcar que jamás me regresaste, yo solía venir, cuando aún estaba viva a pedirla, pero ni siquiera la puerta abrían ―aunque, analizó la situación y llegó a la conclusión, de que nunca había conocido a la vecina, así que quedaría al descubierto.
Tras muchos ensayos, el gorrión preguntó― ¿no te hace falta disfraz de monstruo?, ¿acaso vas para el festival de iguanas? ―el extraño ser se asusta, no se había percatado de la presencia de este animal, trata de correr, pero se estrella con una inmensa puerta, intenta empujarla, no pasa nada, trata de abrirla, pero la puerta no se abre, en ese momento, se cruza un gato negro, el monstruo le pide un aventón y se marcha sobre su oscuro dorso.
Cuando el gato se detiene, el extraño ser se baja y se dirige donde reposan otros monstruos, estos lo saludan jovial, mientras beben cócteles de agua coloreada. Él trata de disimular su angustia y pregunta ― ¿cuándo iremos a asustar humanos?, quiero descuartizar unos cuantos ―el monstruo que está al lado lo mira y sonríe ― se equivocó de fiesta, deje ese cuento de los monstruos, somos iguanas, en una fiesta de iguanas, con bebidas de iguanas, los monstruos, no existen; más bien vamos a bailar.
En ese momento, el inocente ser descubre, que no es en realidad un monstruo, sino, una tierna iguana y que el monstruo era aquel que le hablo aquella vez, mientras platicaba con el espejo.
Cuento original de
Dibujos originales hechos en aplicación Ibis Paint X por
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