«La luna», «Partir», «Todas estas mujeres», «Malas noticias», «La llave», «El río», «Campo Sur (Apuntes para una novela)» son los siete cuentos reunidos bajo el título de Partir, y que fue publicado por Troya y Memorias de Altagracia en 1998. Pronto el libro mereció la atención de dos importantes escritores venezolanos. En una nota que circuló en la prensa nacional, Ana Teresa Torres (2000: 273) presenta a Guerra como un descubrimiento, un autor al que conoce muy poco y que sin embargo la sorprende por su calidad narrativa y madurez. Torres nota lo que ha sido y seguirá siendo una de las marcas distintivas del narrador desde El avatar, la multiplicidad de registros que confluyen en un mismo libro: «policial, aventuras, fantástico, recuperativo, y en todos se percibe la misma necesidad de contar su universo narrativo, de ahondar en los personajes, de capturar una atmósfera, de expresar su sensibilidad». Insiste, asimismo, en sus virtudes y destrezas: «Guerra es un narrador imaginativo y seductor, y sus historias están tan bien construidas que no se pueden abandonar, pero, a la vez, se aleja de esa sensación tan desagradable –al menos para mí– que deja la lectura de lo que se siente impostado, prefabricado, escrito por escribir» (ibíd.: 274).

Fuente: archivo personal
Por su parte, José Balza (1999) ha apuntado varios aspectos sobre Partir a partir de una analogía con Andrés Mariño Palacio. Considera que se trata de «siete relatos ágiles y profundos», en los que «impera el erotismo abierto, la pesquisa policial y las escenas heladas que nos acercan al futuro o a las hecatombes». Destaca que «el autor posee, asimismo, una mano eficaz para encantar con todas estas mujeres de sus cuentos y con la desvaída persistencia de hombres viejos». Va más allá al vaticinar que Guerra será uno de las figuras literarias más relevantes del próximo siglo, y coloca su nombre junto al de figuras como Juan Carlos Méndez Guédez, Ricardo Azuaje, Silda Cordoliani y Juan Carlos Chirinos.
No menos interesante resulta el análisis que de Partir hace Rafael Rattia (1999/2008), quien además demuestra ser uno de los primeros, fieles y apasionados lectores de Rubi Guerra. Luego de reconocer la solidez del escritor cumanés, Rattia defiende la idea de que Guerra está destinado a ocupar un lugar privilegiado en la narrativa venezolana de los últimos tiempos; ello lo confirman la gran variedad y heterogeneidad de los cuentos de Partir, además de su maestría en la creación de personajes y situaciones: «un universo verbal singularísimo, de una grata y sorprendente originalidad formal que no deja resquicios a la duda de quienes se acerquen al mismo»; además agrega: «los cuentos que integran el libro Partir recrean sentimientos tan disímiles y heterogéneos, situaciones y actitudes tan extremas pero llevadas con una poco usual solvencia expositiva. Una finísima sintaxis escritural presiden los relatos aquí contenidos». Estas notas de Torres, Balza y Rattia son de una importancia capital, puesto que ellos contribuyen a dar a conocer a Guerra en el ámbito nacional. Con Partir se posiciona en la escena literaria del país, no ya solo como autor de la provincia; de allí en adelante comenzará a cultivar un público lector –apenas incipiente, es verdad– que le respeta, y esto gracias a su consolidación literaria y a la demostración de madurez de su obra.
Finalmente, quisiéramos señalar varios aspectos que nos parecen relevantes en Partir. Dos relatos raros en el volumen son «Malas noticias» y «La llave». El primero de ellos con tendencia hacia la ciencia ficción, propone el asunto de la pérdida de la memoria y la desaparición de la identidad, en la que el último residuo es el lenguaje, preocupación sobre la que volverá en otras narraciones. El otro es un relato fantástico que aborda el problema de delimitación entre realidades o mundos paralelos, el intento por escaparse de un mundo y penetrar en otro, lo que lo vincula con cuentos de El avatar, por ejemplo. Acá aparece Paria como espacio para el misterio, lo desconocido, lo inexplorado, una zona que produce fascinación, un mundo diferente y distante al que representan Cumaná y Araya, lo mismo San Tomé y El Tigre, si llegásemos a trazar una cartografía de los espacios en la narrativa de Guerra. También están las mujeres fatales que son causa de perdición y de muerte, mujeres seductoras que extravían a sus amantes-víctimas para conseguir sus propósitos.
Si quieres leer los primeros posts de esta serie dedicada a la obra de Rubi Guerra, puedes hacerlo aquí y aquí.