En las noches de calentura
recuerdo la playa
donde la besaba
y no se dejaba.
No se dejaba tocar la orquídea,
no se dejaba succionar por las aguas.
Recuerdo la marea
que nos mecía como juguetes
chocando nariz con nariz,
forcejeando un beso esperado y torpe.
Mientras yo buscaba
tocar con mis labios
la finura de su cuello,
el botón de su llama.
Recuerdo la arena
donde ella se negaba
A darme lo que quería
aquella fruta acida
que quería pinchar
para aflorar nuestras ganas.
Recuerdo la sal
de su pecho
entre sus senos.
Que mis labios ávidos
repasaban con esmero.
Creando besos intermitentes.
Negados por la corriente,
corriente que nos empujaba con locura.
Que nos acometía con descuido
en una playa solitaria.
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