Un relato inspirado al ver la flor de Izoto en la autopista, mientras escuchaba hablar a los bomberos con quienes hacia la guardia. Justo después de asistir a un operativo de Rescate en el Waraira Repano
Espero que sea de agrado para los lectores y a 
Concurso de @Fermionico
Concurso de @Fermionico
El bombero contemplaba la flor mientras pasaba el evento de los políticos. Estaba sentado, había sido asignado a la unidad 1.31 (Una cisterna para combate contra incendios forestales u otros eventos que fuera necesario) Estaba allí desde el mediodía.
Ver a esa hermosa flor blanca y pura, hacía que el bombero recordará todo lo que había hecho esa misma semana. Entre ellos el quehacer diario que incluía estar con distintas mujeres de toda índole, sin embargo, lo que más recordaba eran los incendios que combatió y esos dos rescates en la montaña que había hecho. En ninguno lo habían nombrado héroe por mitigar o cumplir con su cometido.
La flor desde su vista parecía que ardía, no sabía porque, pero el bombero siguió masticando su chimo que ennegrecía sus dientes. Rememoraba el rescate de esa mañana que hizo que perdiera el desayuno y se parara temprano, luego el incendio leve antes del mediodía que tuvo que ir a sofocar. Sentía el calor que aquella hermosa planta con sus flores blanquezca en llamas emanaba, era similar al fuego que todos los días tenía que combatir.
No le importaba, después de todo, solo debía obedecer órdenes como estar allí en la unidad pantalleando para los políticos que no necesariamente hacían su trabajo.
El humo de la flor que estaba a lo lejos llego hasta sus fosas nasales, pero el bombero se mantuvo firme a su rutina de masticar chimo. Escupía por la ventana cada cierto periodo, cuando perdía a la planta sentía serenidad, pero al verla de nuevo sentía hervir un conato de incendio en su corazón. Esa planta era demasiada hermosa para quemarse de esa manera. Los peor es que pasaban distintos vehículos de la autopista y no lo visualizaban, nadie hacía nada por cuidar. Solo se limitaban a avivar la llama arrojando basura a la pobre zona de las plantas.
Parecía que todas las plantas iguales a esa estallaban, como mazorcas al verse asediadas por la llama de la que inicio el incendio. El bombero solo observaba y miró como su compañero dormía en la litera de la unidad como si nada, mientras el humo de la planta rodeado el camión. Entraba por los agujeros de la cisterna hasta terminar siendo aspirada por el Bombero como si fuera el humo de un cigarrillo.
Le vinieron a la mente los miles de incendios que había tenido que combatir con distintos instrumentos, siempre arriesgando su vida. No importa si tuvieras un bastidor, una pala, un rastrillo, una bomba de agua o unas de las tantas mangueras que uno solía usar. A la final el fuego te marcaba de forma definitiva sea psicológica o físicamente.
El bombero volvió a escupir el chimo que le quedaba en los labios y abrió otro empaque para regresar a la rutina, no le importaba el humo que debería estar asfixiándolo. Tampoco tenía relevancia a nivel visual, seguía en su campo de visión al epicentro del incendio y es que la flor seguía intacta, el aura del fuego si estaba allí.
En ese momento el Bombero oyó por la radio los siguientes códigos de la central 31,37,9,8 en tal lugar. La respuesta del Bombero solo fue escupir de nuevo el chimo y recostarse a dormir para evitar ver la flor arder.