ahora, solo era un pescador.
Ya era el crepúsculo,
cuando decidió hacerse de oficios,
portaba una caña vieja,
un anzuelo oxidado
y un carrete de hilo,
echó andar de su rancho
a la otra orilla del mundo,
caminó a pies descalzos
por arenas sin alivio,
y transcurrió mucho tiempo,
en el arenal vítreo, antiguo.
Llegó al anochecer,
a las salinas de su querer,
destrancó amarras para navegar
invadiendo la madre mar,
al estar en trincheras,
se detuvo a aquel lugar.
Se dispuso a la rutina
y se sentó a orillas del navío,
para con destreza agilar el hilo,
…luego silbó,
silbó por rutina,
silbó por agrado
o por necedad de hacer algo,
y repentino,
algo halaba el hilo,
luchó por minutos sinfín,
cuando venció sacó un pez
y advirtió tantos colores en él,
que a la vez no distinguió ninguno
tan hermoso era que invocó
lienzos nunca pintados.
Sintió que aquellos ojos,
por momentos pedían clemencia,
aquella alma en agonía,
pedía una segunda oportunidad,
así que le devolvió a la mar,
levó ancla y regresó al malecón
y después de tanto tiempo
siendo solo un pescador,
decidió ser pintor,
después de pies tostados,
salados y quemados,
vendrían lienzos, oleos y pinceles.
Pescó un pez con una caña,
recordó anhelos con una mirada,
intercambió sueños por indulgencia.