Mis estimados, me animé a escribir este post, mientras esperaba el sueño reparador en una noche de insomnio.
Les cuento, luego de que mis hermanos mayores alcanzaron edades de realizar estudios universitarios, mis padres con la intención de vernos superados y profesionales, emigramos desde una población del occidente de Venezuela hacia una ciudad del centro del país, en donde abundaban las oportunidades de estudios y trabajos bien remunerados.
Transcurrían los años 80, yo adolescente. La música Disco por un lado, la salsa brava y el rock pesado por el otro, la moda de entonces , la práctica de los deportes de mayor participación masiva, como lo era el béisbol y el baloncesto, etc., todos, marcaban la pauta, y serían los ingredientes para agrupar según sus características a los jóvenes de la época, en donde el consumo de drogas en los adolescentes que habitaban las principales ciudades del país, estaba en niveles de gran ascendencia.
Yo formaba parte de un grupo de adolescentes multifacéticos, que hacían cualquier cosa para divertirse o pasar el tiempo, desde la práctica de deportes de manera aficionada, la pelotica de goma, el baloncesto, el béisbol, entre otros, hasta las rumbas con minitecas que estaban presentes durante todos los fines de semana.
Nunca faltaba alguien que se presentaba al grupo con un carro prestado, motivo por el cual realizabamos eventos propios de la creatividad de muchachos de la época.
El grupo era numeroso, unos quince (15). Yo tenía mas unión y confianza con unos seis (6), con los que existía mayor compañerismo.
Con el pasar de los días, algunos miembros del grupo fueron desviándose hacia otros tipos de diversiones, actividades oscuras, en donde apareció el vicio de las drogas.
Recuerdo la primera vez que me la ofrecieron, lo hizo uno de mis amigos de confianza, él era unos tres (3) años mayor, yo tenía dieciséis (16) años, se me acercó y me mostró un pequeño envoltorio de papel encendido, parecido a un cigarrillo y me dijo: “ Prueba esta vaina, te vas a sentir muy bien”, era de noche y no alcanzaba a ver detalladamente el envoltorio, pero ya a esa edad, sabía que era droga.
¿Por que lo sabía? Existían en ese entonces muchas campañas en los centros educacionales de la época, además, soy el menor de seis (6) hermanos y con frecuencia los escuchaba hablar sobre el tema.
Mi respuesta fue: “NO, NO QUIERO”, el me insistió diciendo: “Tranquilo, nadie lo va a saber, toma y dale” y le dije con contundencia: “¡NO ES NO!...
Ese evento se repitió otras veces y siempre mi respuesta fue la misma: “¡NO ES NO!…”
Me he preguntado, ¿por que motivo no le hice caso, al igual que otros, que sí lo hicieron?. ¿Cuales fueron las razones por las cuales había rechazado eso que aparentemente era bueno?
Luego de analizarme y recordar las emociones en esos momentos, afirmo, que me vino una imagen fugaz con los rostros de mi madre y de mi padre, seres a quienes les he tenido desde siempre un profundo respeto y admiración, y a quienes amo “a tope”. Además, fui objeto de un temor profundo, inexplicable, en esos momentos aunque estaba solo, sentía que me observaban, así lo sentía, y eso desde luego tenía que ver con las enseñanzas espirituales de mi abuela cristiana, quien siempre me educó en lo que era la presencia de ese Dios omnipotente y generoso en nuestras vidas.
Es realmente impresionante la fuerza que ejerce sobre un adolescente ambas condiciones, el respeto y la consideración por sus padres y familiares, y la conciencia de que hay un ser superior, que vigila nuestros actos y que actúa en consecuencia, son armas poderosas, con las que deben contar los jóvenes de hoy para hacer frente a tantos y tantas situaciones que pretenden desviarlos del camino correcto.
Un estudio realizado en 2017, por la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (U.P.E.L.), en 311 institutos educativos en los cuales se incluyen los colegios y universidades ubicados en la Gran Caracas, arrojó entre otros los siguientes resultados:
.Se incrementó en 30 % el consumo de menores de edad en nivel escolar durante la última década.
.El 96 % de los adictos comenzaron el consumo de drogas en edades entre los 11 y 25 años.
.En el 92 % de los planteles educativos y universidades había Microtráfico de drogas.
Según Gerardo Pastrán, presidente de Proyecto Juvenil Misionero (Projumi), con sede en Barquisimeto, Venezuela, los jóvenes de mayor edad persuaden a los menores a consumir drogas, primeramente se las regalan y luego que se enganchan comienzan a exigirle el pago por las mismas.
Fueron muchos los de mi grupo que lamentablemente cayeron en el vicio de las drogas, el cual los llevó a hacer cosas aún mas graves. Cuatro de ellos han fallecido en hechos violentos y otros cuatro (4), a estas alturas de sus vidas aún tienen ese vicio, lo que los ha llevado a presentar unas vidas llenas de condiciones disfuncionales, el resto, los otros siete (7), hemos podido apreciar la diferencia, tenemos una familia y luchamos con consciencia por su bienestar.
Mis estimados, este post lo comparto consiente de que aborda un tema muy complejo y que requiere de mucho mas espacio para su análisis y debate. Pero insisto, con el objeto de que sirva a todos aquellos quienes tienen el desafío de llevar adelante la educación de sus hijos actualmente, en un país en crisis, en donde poco se está haciendo para hacer frente a sendas realidades. Entonces, tengan de primera mano el testimonio real de alguien quien experimentó la vivencia y que ha contado además, con la generosidad de ese Dios bueno, que lo ayudó a no caer, y a tomar en ese momento crítico, la ruta correcta.