Entre el cansancio y el insomnio
se me ocurren las mejores palabras,
es muy frustrante porque así como
vienen fugaces así se diluyen en la pura nada.
Uno tras otros miles de pensamientos
pasan volando a través de la ventana.
Bastante mística y mítica hay en pensar
en los momentos que ya no podemos tener.
Mientras me hago un ovillo en mi cama
busco la posición más cómoda para
desinhibirme de la tierra y entrar en el reino
del velo de los sueños donde me esperan
las tantas cosas que aspiré de nosotros.
Justo después llega tu voz entre la noche fría,
me grita al oído y ya dormir es una tarea titánica.
No encuentro mi lugar en la cama,
porque no existe tal cosa.
Mi lugar era fácil de encontrar cuando
lo buscaba entre tus brazos y tus piernas,
entre tus labios y en tu íntimo calor.
Me invade la ingrata sensación de extrañar,
extrañar algo que en su momento dejamos
de darle el valor que merecía, eso es por mucho
la más natural e imperfecta de nuestras condiciones.
Te extraño y no quiero asumirlo,
te extraño y no quiero aceptarlo.
Hago un ultimo esfuerzo para cerrar los ojos,
poder llegar al velo donde todo es mas amable,
pero sin aviso llega la madrugada y con ella
llegan los primeros colores cálidos de la mañana,
recordándome que ya hace mucho tiempo que perdí.
Gracias por llegar hasta aqui...