Me detengo delante al cristal con la vista perdida.
Veo de pronto aparecer en el espejo a una sombra,
una sombra que me mira con ojos que me pertenecen.
Con los ojos vacíos me devuelve la misma mirada,
de rostro estoico pero a la vez quebrado, desvanecido.
Se me hace familiar esa sombra mientras la examino,
mas no término aun de reconocerla, solo está mirándome.
¿Sera una falla de mi propia vista? ¿He perdido la cordura?
Emprendo la búsqueda en su mirada de aquel que yo antes era.
No reconozco esa cara tan familiar, ni esa expresión cansada,
me niego a aceptarlo pero es el reflejo que el espejo me devuelve.
Ando por las calles pero no siento que soy yo quien camina.
Ella a veces me despierta, se mete en mis pensamientos.
Me ruega que vuelva al cristal para seguir contemplándola.
Mientras más la examino más dejo de sentirme yo mismo.
Los conocidos llaman mi nombre pero no soy yo quien contesta.
Es la sombra de mirada vacía del espejo quien lo hace…