Iban pasando los minutos y la gente se iba marchando. Yo estaba haciendo tiempo para ver si otro amigo me podía llevar a casa, pero tampoco pudo. En eso, uno de mis compañeros de curso me dijo que si quería lo acompañara caminando hasta su casa, que es muy cerca y que desde allá sería más sencillo tomar un taxi, debido a que había una línea cerca. Aunque estaba muy asustado porque llevaba mi cámara profesional en el bolso, accedí.
El reloj marcaba casi las nueve de la noche y caminábamos a paso un poco acelerado, tratando de llegar rápido a nuestro destino, pero intentando no llamar la atención de posibles malhechores en el área. En eso, pasamos por la Plaza Altamira y pude observar que los colores de nuestra hermosa bandera iluminaban el obelisco central. No había un alma en el sitio, solo nosotros, y le digo a mi compañero que me espere, que sacaría la cámara para fotografiar el majestuoso obelisco.
¿Estás loco? Nos van a robar y luego matar por una estúpida foto, ¡camina! que ya es muy tarde y peligroso me dijo mi amigo. Pero haciendo caso omiso decidí correr el riesgo y tomar esta fotografía. Sí, se que estuvo mal, pero tenía que hacerlo. A veces hay riesgos que valen la pena ¿no?
Para los que no son de Venezuela, Caracas es la capital del país y es una ciudad muy bonita, pero a la vez muy insegura, sobretodo en estos momentos en el que el país atraviesa una gran crisis.
Disfrútenla