Mastico tus palabras y quedo hambriento, no me llenan ni me nutren, todas tienen un sabor amargo y están tan huecas que no podrían completar una oración.
Los siguientes versos no son más que fragmentos de áridos días que aderezo, recopilaciones de aquellos diarios que nadie lee, de los que ocasionalmente incluso yo me olvido actualizar hasta que algunas emociones se vuelven demasiado incontenibles como para mantenerlas apresadas más tiempo.
Hoy las dejo libres para que ronden donde quieran y encuentren cobijo con algún visitante en algún cálido sitio, uno mucho más agradable y más tranquilo que la frialdad de mis páginas y perenne indiferencia. Las suelto porque de conservarlas me hundiría con ellas –O las ahogaría conmigo— así que las entrego al mundo con la más sincera nobleza, porque sé que a mi lado tarde o temprano morirían de hambre o morirán de frío.
I
Cómo podría soñar contigo
Si no es mi reflejo el que centellea
ante el cristal frente a tus ojos,
ni mis manos las que se funden
en la fragua de tu roja cabellera
mientras en días soleados hielas,
todo amor y afecto que propongo.
II
Burlesco flagelo del tiempo
Que no hace valer mi espera
Ni siquiera la voluntad más férrea
alumbraría esta habitación vacía.
¿Qué sentido tiene escribir poesía?
Si tu ausencia no conmueve suficiente
para esculpir con versos la tristeza.
III
Anhelo la caricia del romance
pero sólo emano vaciedad,
Soy un obstinado naufragio
remando inútilmente a tus orillas
buscando el calor de una hoguera
que yace extinta, que encuentro fría
y nadie nunca encenderá jamás.
IV
Cómo soñarte si te volviste olvido
De tu presencia no queda atisbo
Ni existe sitio al cual volver
Tu nombre es una palabra extraña
Crucigrama imposible de resolver
Jugamos suficiente, ya no puedo continuar
Hoy me rindo, y mañana lo volvería a intentar.
Te sueño despierto, te encuentro al dormir.