Arthur Schopenhauer nos explica en su obra Parerga und Paralipomena la complejidad en la formación de las relaciones humanas y lo que estamos dispuestos a soportar por mantenerlas, a través de la parábola del puercoespín.
“Un grupo de puercoespines se apiñaban en un helado día de invierno calentándose mutuamente para evitar congelarse. Sin embargo, mientras más se aproximaban comenzaron a sentir las púas de los otros, lo cual les hizo volver a alejarse. Cuando el frío volvió a ser insoportable y la necesidad de calentarse se hizo inminente, se acercaron nuevamente, repitiéndose el segundo mal; De modo que anduvieron de acá para allá, entre el gélido viento y el daño que se hacían unos a los otros hasta que encontraron la distancia correcta, una especie de punto de inflexión en el que no estaban tan lejos como para morir de frío pero tampoco tan cerca como para lastimarse unos a los otros", un punto medio.
Schopenhauer trata de hacernos entender la noción escéptica del amor que solo busca opacar la sensación de soledad y la necesidad que tenemos de relacionarnos como sociedad o estar emparejados a cambio de soportar el daño inminente que nos harán sentir.
Todos hemos conocido o experimentado ese tipo de relaciones humanas donde creemos que es mejor soportar el dolor de la permanencia que el de la separación, todo porque no estamos dispuestos a soportar el frío de la soledad pero tampoco tenemos la disposición de acercarnos para entregar lo mejor de nosotros por miedo a salir lastimados con las púas de la indiferencia, quedándonos en el punto medio.
Las veces que me he encontrado en la posición de tomar decisiones sobre soltar o separarme de una persona siempre pienso en la siguiente frase:
"Afortunadamente siempre existe otro día. Y otros sueños. Y otras risas. Y otras personas. Y otras cosas."
Clarice Lispector
Pienso que un corazón que se aferra es un corazón fuerte, pero un corazón que a aprendido a dejar ir lo es aún más.
Gracias por leer.