Una experiencia inigualable…
-Estando yo en la ciudad de Caracas realizando una pasantía por un hospital muy especial cuyo nombre es el “Hospital Ortopédico Infantil”, quizás me atrevería a decir que es el hospital más esencial de mi país, siendo la meca en la ortopedia infantil, este hospital es un centro de referencia nacional e internacional, me sentía muy privilegiado de estar ahí, yo recuerdo que llegaba muy temprano al área de la consulta externa en la pasantía de “Neuro Ortopedia” y empezaba a ver una inmensa cantidad de pacientes quienes esperaban ansiosamente por ser atendidos por los excelentes especialistas que ahí se encontraban.
-La consulta acababa de iniciar y el paciente que me tocaba valorar muy impresionado me dejo, se llama Carlos pero de cariño le decíamos Carlitos un niño de 8 años que al entrar llamaba la atención con tan solo verlo caminar, caminaba con los pies muy rotados hacia adentro, mejor dicho apenas podía caminar, se ayudaba con una andadera pero eso no le impidió a Carlitos llegar hasta mi consultorio con mucho esfuerzo y saludarme extendiendo su manos mientras se pintaba una enorme sonrisa en su cara, yo me levante y estreche la mano de ese niño, al evaluarlo su madre me hizo notar que tenía una enfermedad de base denominada “Parálisis Cerebral Infantil (PCI)” y aunque era leve Carlitos caminaba con mucha dificultad, tenía debilidad muscular y deformidad rotacional en ambos miembros inferiores.
-Mientras yo trataba de interrogar a la madre de ese niño para que me diera muchísima información Carlitos se voltea y me dice:
- Doctor ¿Por qué le pregunta a ella? Si el enfermo soy yo
- ¡Quiero caminar normal!
-La madre de Carlitos se pone a llorar, mencionándome que le duele muchísimo cuando su hijo se queda mirando a otros niños que caminan normal, diciéndome pues eso me duele, me hiere y me pega en el corazón, yo de verdad no tuve otra opción que buscar al Dr. Trevisan, él es un doctor algo gordo muy particular, es una persona generosa con una gran corazón, este doctor como especialista me hizo notar que él tenía la solución cuando lo evaluó y sin pensarlo mucho menciono que lo iba a operar para verlo caminar como un niño normal, sin embargo también menciono que yo lo iba a ayudar en esa cirugía.
-Yo no podía creerlo, iba a ser el ayudante de ese magnífico doctor, este doctor actualmente es el presidente de la “Asociación Latinoamericana de Ortopedia”, y juntos íbamos tratar de que Carlitos camine normal, eso no se imaginan cuanto me lleno de emoción, enseguida fui con la madre de Carlitos a realizar el papeleo para realizar la operación.
-Dos días después estábamos el Dr. Trevisan y yo en el quirófano esperando que pasaran a Carlitos para iniciar la operación, ya estando Carlitos en el quirófano el cual estaba muy feliz se dejó anestesiar tranquilamente, la operación había iniciado yo había estudiado muchísimo para esta cirugía, el Dr. Trevisan mientras operaba me enseñaba las técnicas que el empleaba, en eso me dice:
- Doctor Guillen, le alargamos los músculos al niño para mejorar la postura de las piernas
- Ahora hay que fracturar las tibias para mejorar la rotación
- Yo solo fracturare la tibia de esta pierna y usted hará el mismo procedimiento en la otra.
-Sinceramente yo solo dije “OK” pero internamente estaba que explotaba de emoción y me decía a mí mismo hay que fracturar para enderezar, la cirugía quedo muy bien, los pies de Carlitos estaban alineados, entonces se le colocaron unos yesos para mantener la alineación, al despertar Carlitos no tenía mucho dolor, pero si muchísima emoción y lo primero que hizo fue mirarse los pie, donde no se podía contener y empezó a gritar:
- ¡Mis pies están derechos!
- ¡Voy a poder caminar doctor!
-Al día siguiente Carlitos se dio de alta y su madre se lo llevo con mucha emoción, dos meses después yo estando en otra pasantía recuerdo que estaba en la “Clínica de Hombro” y la secretaria se me acerca para decirme que me buscaba un niño, al acercarme no podía creer, era Carlitos caminando como un niño totalmente normal.
-De verdad esa imagen de felicidad de ese niño corriendo en ese lugar, llego a mi corazón y de felicidad me puse a llorar, se podia notar mi emoción, son poco los momentos que me han tocado el corazón, pero en ese hospital los médicos hacen milagros en niños con deformidad, Carlitos se me acerco y un gran abrazo me dio, sentía que ese abrazo era el abrazo de un ángel muy lleno de felicidad.
“Los niños son seres especiales, a los cuales debemos de tratar con mucha devoción, la sonrisa de un niño no tiene precio ni comparación con nada en el mundo ya que ellos sonríen con el corazón”